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Plan de la ONU para la partición de Palestina en 1947 y la Guerra de la Independencia de 1948. (Primera Parte)

Al día siguiente de la Declaración de independencia del Estado de Israel en el territorio asignado por el Plan de la ONU para la partición de Palestina de 1947, los cinco Estados árabes vecinos (Líbano, Siria, Transjordania, Irak y Egipto), inconformes con dicho Plan y con la expulsión o huida de la población civil palestina que se estaba llevando a cabo por parte de las tropas israelíes, le declararon la guerra al naciente Estado de Israel e intentaron invadirlo bajo el mandato del general árabe Salim Abdala Kais. En la guerra intermitente que tuvo lugar durante los siguientes 15 meses (interrumpida ocasionalmente por varias treguas promovidas por la ONU), Israel conquistó y se anexionó un 26% adicional del antiguo Mandato británico, mientras que Transjordania y Egipto ocuparon la parte restante destinada por la ONU al Estado árabe-palestino: Egipto ocupó la Franja de Gaza y Transjordania se anexionó Cisjordania y Jerusalén Este, refundando el país con el nombre de Jordania.

La guerra provocó cientos de miles de desplazados en ambos sentidos: más de dos tercios de la población civil árabe palestina (en torno a unas 750.000 personas) fueron obligados a desplazarse a la Franja de Gaza y a Cisjordania, así como a otros países árabes vecinos, como Líbano, Siria o Jordania, dando origen al problema de los refugiados palestinos que todavía hoy perdura. En la zona israelí quedaron 156.000 árabes palestinos, que adquirieron la nacionalidad israelí y que, en general, en el plano teórico, gozaron de los derechos plenos de ciudadanía a partir de 1950, incluyendo su incorporación al ejército en el caso de los drusos. Sin embargo, los árabes palestinos de Israel vivieron sujetos a la ley marcial hasta 1966, y en torno a la mitad de ellos -conocidos legalmente como presentes ausentes- sufrieron la expropiación de sus tierras y propiedades por parte del Estado de Israel, que las destinó a los nuevos inmigrantes judíos.​ Según la historiografía tradicional israelí, la salida de los árabes de su tierra se debió a que la dirigencia árabe instigó a la población árabe en Palestina a abandonar sus hogares para garantizar a las tropas árabes mayor libertad de movimiento. Sin embargo, las fuentes árabes y los nuevos historiadores israelíes, así como numerosos historiadores internacionales, afirman que no existen pruebas al respecto y señalan a los ataques del ejército y los grupos paramilitares judíos como fuente del éxodo masivo palestino. De forma paralela, las comunidades judías que habitaban en países árabes (muchas de ellas desde antes de la expansión árabe y musulmana), se vieron obligadas a emigrar en los años siguientes. Solo durante la década de 1950, 608.200 judíos orientales, una cifra algo menor a la de refugiados palestinos, huyeron o fueron expulsados de territorios árabes y se refugiaron en Israel,​donde obtuvieron la ciudadanía israelí gracias a la denominada Ley del Retorno[1]; otros 290.800 refugiados judíos se establecieron en Francia o en los Estados Unidos. Se trató de un fenómeno de intensidad variable según los países en los que aconteció, y que fue desde la confiscación de bienes y tierras en algunos países a la persecución directa de los judíos en otros. En cualquier caso, el resultado en la práctica fue la liquidación casi total de las comunidades judías en los países árabes.

En 1948, la ONU reconoció el derecho al retorno de los refugiados palestinos y creó la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA en sus siglas inglesas) con la esperanza de un retorno inmediato, algo que sin embargo no sucedió. Al prolongarse indefinidamente su condición de “refugiados“, y quedar su suerte en manos de la ONU, nunca obtuvieron la nacionalidad de los países árabes que los acogieron (salvo en el caso de Jordania, que reconoció como nacionales a los palestinos cisjordanos y jerosolimitanos) y permanecieron en condiciones de desarraigo y precarización. Por su parte, los refugiados judíos, que no recibieron reconocimiento ni ayuda alguna por parte de la ONU, fueron integrados rápidamente en Israel y alojados en las viviendas que habían quedado vacías tras el éxodo de la población palestina. Mientras tanto, las naciones árabes comenzaron a deshacerse del dominio colonial. Transjordania, bajo el dominio de la dinastía hachemita[2] de Abdullah, declaró su independencia de Gran Bretaña en 1946. Los británicos pusieron al hermanastro de Abdullah, Faysal, en el trono de Irak. En 1945 Egipto negociaba los términos de su independencia. Líbano sería un estado independiente en 1943, si bien los franceses no retiraron sus tropas hasta 1946, el mismo año que Siria declaró su independencia también de Francia.

El Plan de Partición de las Naciones Unidas para la partición de Palestina.

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas, reunida en Nueva York, aprobó la Resolución 181, la cual recomendaba un plan para resolver el conflicto entre judíos y árabes en la región de Palestina, que se encontraba en esos momentos bajo administración británica. El plan de la ONU proponía dividir la parte occidental del Mandato en dos Estados, uno judío y otro árabe-palestino, con un área, que incluía Jerusalén y Belén, bajo control internacional. El rechazo del gobierno británico a llevar a cabo este plan, junto con la negativa de los países árabes de la región a aceptarlo, tuvo como consecuencia una guerra civil en el territorio del Mandato de Palestina que estalló al día siguiente de la votación del Plan, seguida de la guerra árabe-israelí de 1948 y los sucesivos enfrentamientos entre árabes y judíos que se mantienen hasta la actualidad. La Organización de las Naciones Unidas nombró un Comité Especial para Palestina con la misión de resolver la disputa entre judíos y árabes de Palestina, la UNSCOP, compuesto por representantes de once países. Para garantizar la neutralidad de este comité, se decidió que ninguna de las grandes potencias estuviera representada. Después de varios meses de auditorías y encuestas sobre la situación en Palestina, la UNSCOP emitió un informe oficial el 31 de agosto de 1947. La mayoría de los países de la comisión (Canadá, Checoslovaquia, Guatemala, Holanda, Perú, Suecia y Uruguay) recomendó la creación de dos estados separados, uno árabe y otro judío, con Jerusalén bajo administración internacional. Australia se abstuvo, y el resto de los países de la comisión (India, Irán y Yugoslavia) apoyó la creación de un único estado que incluyera ambos pueblos. El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea Plenaria de la ONU —bajo presidencia del brasileño Osvaldo Aranha— votó el plan de partición recomendado por la UNSCOP, siendo el resultado final de 33 votos a favor, 13 en contra y 10 abstenciones, a la vez que hizo ajustes en los límites propuestos entre los dos estados. La partición tendría efecto a partir de la retirada de los británicos. La resolución no contemplaba ninguna disposición para ejecutar el Plan, lo cual tuvo consecuencias a la larga, ya que no fue posible aplicarla. Los Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron entre quienes votaron en favor de la resolución.

Los 33 países (58%) que votaron a favor de la resolución 181 fueron: 

Australia, Bélgica, Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Canadá, Checoslovaquia, Costa Rica, Dinamarca, República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Haití, Holanda, Islandia, Liberia, Luxemburgo, Nueva Zelanda, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú Polonia, Suecia, Sudáfrica, URSS, Ucrania, Uruguay, Venezuela

Los 13 países (23%) que votaron contra la Resolución 181 fueron: 

Afganistán, Arabaia Saudí, Cuba, Egipto, Grecia, India, Irán, Irak, Libano, Pakistán, Siria, Turquía y Yemen.

Los países que se abstuvieron fueron 10 (el 18%): 

Argentina, Colombia, Chile, China, El Salvador, México, Reino Unido y Yugoslavia. Tailandia estuvo ausente en la sesión plenaria.

Entonces, cuando apenas había comenzado la descolonización de África, 57 estados eran miembros de las Naciones Unidas (actualmente son 193). El mayor bloque lo constituían los 20 estados iberoamericanos, seguido de los países árabes e islámicos (diez), los de Europa Occidental (ocho) y los comunistas (seis). La mayoría (13) de los 20 países iberoamericanos votó a favor de la partición. Seis países se abstuvieron y solo uno (Cuba, bajo la presidencia de Ramón Grau San Martín) votó en contra. Los diez países árabes o islámicos votaron unánimemente en contra. Cinco estados comunistas votaron a favor de la partición, con la abstención de Yugoslavia. La mayoría de los habitantes judíos celebraron el plan para la creación de un estado judío, pero criticaron la falta de continuidad territorial del mismo, dividido en tres zonas separadas por vértices que lo hacían muy poco viable (y difícil de defender), al igual que el territorio asignado a los árabes. Los líderes árabes se opusieron al plan argumentando que violaba los derechos de la población árabe, la cual en ese momento representaba el 67 % de la población total (1 237 000 habitantes), criticando además que la mayor parte del territorio (el 54 %, incluyendo el desierto del Néguev, que suponía el 45 % de la superficie de todo el país) se adjudicaba al Estado judío, que consistía en el 33 % de la población. El Irgún de Menájem Beguin y el Leji (conocido por sus opositores como el Stern Gang), que habían luchado contra los británicos, rechazaron el Plan de Partición. Beguin advirtió que la partición no traería la paz porque los árabes atacarían el pequeño Estado de Israel, y declaró «En la guerra que está por venir tendremos que estar solos, será una guerra por nuestra existencia y nuestro futuro.» Afirmó también «la bisección de nuestra patria es ilegal. Nunca será reconocida.» Beguin estaba convencido de que la creación de un estado judío permitiría la expansión territorial «después de derramar mucha sangre». Según el historiador israelí Simha Flapan, es un mito creer que los sionistas aceptaran la partición de Palestina como un compromiso, abandonaran sus ambiciones de hacerse con toda Palestina y reconocieran el derecho de los palestinos a tener su propio Estado. Flapan afirma que sus investigaciones indican que la aceptación fue solo una maniobra táctica para impedir la creación del Estado palestino y expandir los territorios asignados al Estado judío por las Naciones Unidas. Apenas dos semanas después de aprobarse la resolución de la ONU, en una reunión pública celebrada el 17 de diciembre, la Liga Árabe aprobó otra resolución que rechazaba frontalmente la de la ONU y en la que advertía que, para evitar la ejecución del plan de partición, emplearía todos los medios a su alcance, incluyendo la intervención armada. La amenaza árabe, que finalmente cumplió, no tuvo ninguna respuesta por parte de Naciones Unidas.

El Reino Unido se negó a aplicar el plan de partición, argumentado que era inaceptable para las dos partes implicadas. Cuando el ministro de Asuntos Exteriores Ernest Bevin recibió la propuesta de partición, ordenó de inmediato que no se impusiera a los árabes,​  y el Plan fue arduamente debatido en el Parlamento. El Reino Unido rechazó además compartir la administración de Palestina con las Naciones Unidas durante el periodo de transición recomendado por el plan, y abandonó Palestina el 15 de mayo de 1948, fecha en que expiraba el mandato británico y un día después de que David Ben Gurión leyese la Declaración de independencia de Israel en el Museo de Arte de Tel Aviv (adelantada un día de la salida del alto comisario británico para que no coincidiese con el sabbat). En esa misma sesión del Consejo del Pueblo se aprovechó para derogar las leyes represivas y anti-inmigratorias del Mandato Británico, que limitaban la inmigración de judíos a Palestina. Unas semanas antes de la votación del Plan de Partición, en una entrevista publicada en el periódico egipcio Akhbar el-Yom el 11 de octubre de 1947, el secretario general de la Liga Árabe, Azzam Pachá[3], lanzó esta advertencia: «Personalmente, espero que los judíos no nos obliguen a la guerra, porque sería una guerra de exterminio y de terrible matanza, comparable a los estragos de los mongoles y a las Cruzadas.»​ Esta declaración ha sido a menudo fechada incorrectamente el 15 de mayo de 1948, y utilizada como prueba de que los árabes planeaban aniquilar el Estado de Israel. El futuro jefe de la resistencia palestina, Ahmed Shukeiri[4], afirma que la invasión tiene como objetivo «la eliminación del Estado hebreo» y la universidad islámica de El Cairo proclama la guerra santa contra el sionismo. Fuera de Palestina y del mundo árabe, el nacimiento del Estado judío encontró un apoyo universalmente favorable, tanto en Occidente como en el bloque del Este. En la noche del 15 de mayo de 1948, los ejércitos de Egipto, Transjordania, Siria, Líbano e Irak cruzaron las fronteras y comenzaron la invasión del Estado de Israel. La primera guerra árabe-israelí había comenzado.

El nacimiento de Israel en 1948

Las reacciones internacionales ante esta declaración unilateral de independencia son dispares: mientras que los Estados Unidos y la Unión Soviética, seguidos por otras naciones, reconocen al nuevo Estado, la Liga Árabe emitió un comunicado el día 15 de mayo señalando que se encontraba forzada a intervenir en Palestina a efectos exclusivamente de ayudar a sus habitantes a restaurar la paz y seguridad y el imperio de la justicia y la ley en su país, así como para evitar un derramamiento de sangre. Esta intervención se tradujo tanto en prestar apoyo a los palestinos como en el empleo directo de sus fuerzas militares, bajo el mando del rey Abdullah I de Jordania, para atacar al naciente Estado. La declaración de independencia originó la que posteriormente sería considerada como la primera guerra árabe-israelí, iniciando un ciclo todavía no acabado de conflictividad en Oriente Próximo, y, por extensión, un argumento de controversia constante en gran parte del mundo. En plena vorágine bélica, el 22 de mayo de 1948 el Consejo de Seguridad emite la Resolución 49 (1948)[5], en la que se indica que “tomando en consideración que las resoluciones anteriores del Consejo de Seguridad relativas a Palestina no han sido cumplidas y que continúan desarrollándose operaciones militares en Palestina” se invita a gobiernos y autoridades a dar la orden a sus fuerzas militares y paramilitares de cesar el fuego, cese que debe ser efectivo 36 horas después de medianoche del 22 de mayo de 1948; pero es en balde, por lo que el 29 de mayo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas emite la Resolución 50 (1948)[6], que llama al fin del cese de las hostilidades en Palestina, amenazando con la intervención del Consejo de Seguridad bajo el capítulo VII de la Carta y encarga al mediador de las Naciones Unidas que vigile la observancia de las disposiciones incluidas en la Resolución, para lo que decide poner a su disposición un número suficiente de observadores militares. Como consecuencia de esa resolución se crea la que posteriormente sería conocida como UNTSO (United Nations Truce Supervision Organization), Organización de las Naciones Unidas para la Supervisión de la Tregua. Pese a la seria advertencia del Consejo de Seguridad, la tregua acordada, de cuatro semanas de duración, no se hizo efectiva hasta el 11 de junio; ese mismo día, un grupo de 36 observadores llegaron a El Cairo, y el resto lo hicieron –hasta un total de 50– durante los siguientes tres días. Naciones Unidas desplegó a los observadores militares, que se esperaba fueran empleados inicialmente para supervisar la aplicación de lo establecido en la tregua, en la ruta de abastecimiento de Tel Aviv a Jerusalén, y la difícil situación que debieron afrontar queda patente cuando en fecha tan temprana como el 6 de julio se produjo el primer incidente con víctimas en la misión, con el resultado de un oficial francés herido y otro muerto en acto de servicio. Naciones Unidas intenta prolongar la tregua –tregua que ambas partes aprovechan para rearmarse y reorganizarse, destacando la llegada de armamento procedente de Checoslovaquia financiado por la diáspora judía y la recuperación del monopolio de la violencia por parte del Gobierno Provisional israelí–, para lo cual el Consejo de Seguridad emite el 7 de julio la Resolución 53 (1948)[7]; pero, finalmente, tras el fin del período acordado, la violencia estalló de nuevo y los observadores recibieron la orden de retirarse de la zona el 8 de julio. El 15 de julio, ante la grave situación creada, el Consejo de Seguridad intenta adoptar medidas más contundentes; en su Resolución 54 (1948)[8] considera que, dado que el Gobierno Provisional de Israel indicó que en principio aceptaría una prolongación de la tregua, mientras que los Estados miembros de la Liga Árabe rechazaron los llamamientos sucesivos del mediador de Naciones Unidas y el dirigido por el Consejo de Seguridad –entre otras cuestiones– ordena a los gobiernos y autoridades interesados, en cumplimiento del artículo 40 de la Carta de Naciones Unidas, un alto el fuego que sería efectivo en cualquier caso no más tarde de tres días después de la fecha de aprobación de la Resolución, declarando que el no cumplimiento del mismo demostraría la existencia de un quebranto de la paz en el sentido del artículo 39 de la Carta, que requeriría la inmediata consideración por el Consejo de Seguridad para establecer qué medidas ulteriores de las previstas en el capítulo VII de la Carta serían decididas por el Consejo; finalmente, la tregua se alcanzó el día 18 de ese mismo mes.

Fue preciso incrementar el número inicial de observadores de Naciones Unidas, hasta alcanzar los 93, a causa de la gran amplitud de la zona que debían cubrir; este segundo grupo se desplegó junto a cada ejército árabe y cada unidad armada israelí, además de en Jerusalén, en la zona costera y en los puertos y aeropuertos de la zona de tregua; asimismo, acompañaban los convoyes entre Tel Aviv y Jerusalén. A consecuencia de ese incremento numérico fue necesario crear una estructura de apoyo, naciendo la UNTSO en sentido estricto –la O del acrónimo significa Organización y no Misión–, estructura que sigue vigente hasta nuestros días, con su Cuartel General situado –tras dos cambios previos– en la Casa de Gobierno de Jerusalén. El 19 de agosto el Consejo de Seguridad emite la Resolución 56 (1948)[9], en la que indica que cada parte es responsable de las acciones tanto de las fuerzas regulares como irregulares que operaban bajo su autoridad o en los territorios controlados por ellas, así como de impedir que la tregua sea violada, siendo responsables de juzgar a los autores de las violaciones que se produzcan a la misma, y señalando que la tregua no puede ser violada para tomar represalias ni para obtener ventajas militares o políticas.

El 11 de septiembre de 1948, la Asamblea General, siguiendo en parte las recomendaciones y propuestas del conde Bernadotte[10], dictó la Resolución 194, en la que, entre otras cuestiones, se marcaba el derecho de retorno de los refugiados palestinos y la situación de Jerusalén. El 17 de septiembre el conde Bernadotte fue asesinado, presumiblemente por extremistas sionistas del grupo Lehi –la Resolución 57 (1948)[11] del Consejo de Seguridad, de 18 de septiembre, hace mención a “grupo de criminales terroristas”, y el informe de Ralph Bunche[12] habla de “un grupo incontrolado de terroristas judíos”–; la reacción internacional desatada por el asesinato del mediador motivó que lo que no eran más que recomendaciones pudiera convertirse en un “testamento político”, que, entre otras cuestiones, implicaría la pérdida de la mayor parte del Neguev para Israel, recibiendo a cambio parte de Galilea. Las conversaciones siguieron entre las partes en conflicto, actuando ya de mediador interino el doctor Ralph Bunche; pero las hostilidades continuaron, y del 15 al 22 de octubre se produjo una ofensiva israelí en el frente sur –denominada Operación Ioav[13]– hacia la zona del Neguev, sobre la zona conocida como “Bolsón de Faluya”, que pretendía abrir un corredor hacia el Neguev, cortar las líneas de comunicación egipcias y aislar y derrotar a los contingentes egipcios uno por uno. La situación que ha de hacer frente la UNTSO es muy compleja; el Consejo de Seguridad, por Resolución 59 (1948)[14], de 19 de octubre, señala las dificultades encontradas en la vigilancia de la tregua; recuerda al mediador interino la necesidad de distribuir equitativamente entre las dos partes los observadores para verificar el cumplimiento de la tregua por ambas partes, así como recordar a los gobiernos y partes la obligación de permitir el libre acceso a los lugares establecidos, en el ejercicio de sus funciones, a los observadores militares; permitir la libertad de movimientos y transporte; cooperar plenamente, y garantizar en lo posible su seguridad. En la noche del 28 al 29 de octubre los israelíes lanzaron una nueva operación, la Operación Jirám, con el propósito de limpiar Galilea de tropas árabes y controlar el terreno hasta la frontera internacional con Líbano y Siria por el norte; al amanecer del 31 de octubre finalizó la misma, con la práctica totalidad de Galilea (salvo una pequeña zona, Mishmar Haiardén, que continúa en manos de Siria) en poder israelí, que incluso llegó a ocupar una reducida franja de territorio en suelo libanés. Desde el punto de vista israelí, el frente norte quedaba asegurado. El 4 de noviembre el Consejo de Seguridad emite la Resolución 61 (1948)[15], en la que se insta a los gobiernos interesados, sin perjuicio de sus derechos y reclamaciones, a retirar sus fuerzas militares a las posiciones que ocupaban el 14 de octubre; pero esto no se lleva a cabo, sino que en el frente sur continúan los combates; en un nuevo intento, el 16 de noviembre, por Resolución 62 (1948)[16], el Consejo de Seguridad decide que se concluirá un armisticio, aplicable a todos los sectores de Palestina, que permita delimitar el trazado de líneas de demarcación permanentes que las fuerzas armadas de las partes respectivas no deberán franquear, así como las medidas de retiro y reducción de esas fuerzas armadas que garanticen el mantenimiento del armisticio durante el período de transición que habrá de llevar a una paz permanente en Palestina.

Pero las escaramuzas continúan en el frente sur, desembocando, el 22 de diciembre, en una nueva ofensiva israelí, la Operación Jorev, continuación y complemento de la Operación Ioav; durante la misma, las fuerzas israelíes llegaron a penetrar en territorio egipcio y poner en serios aprietos al Ejército de ese país. El Consejo de Seguridad, el 29 de diciembre, emitió la Resolución 66 (1948)[17], en la que se invita a los gobiernos interesados a dar orden inmediatamente de cesar el fuego, a aplicar sin mayor demora la Resolución 61 (1948), de 4 de noviembre y a permitir y facilitar la vigilancia completa de la tregua por los observadores de Naciones Unidas. El 1 de enero de 1949 el embajador de Estados Unidos en Israel entregó un ultimátum del Gobierno británico que indicaba que caso de no retirarse las tropas israelíes del Sinaí, estos estarían obligados a invocar las cláusulas del tratado anglo-egipcio de 1936[18] y prestar ayuda al país del Nilo. Ben Gurión, consciente de la debilidad del país y ante el incremento de la presión internacional, ordenó la evacuación del Sinaí, si bien prosiguieron los combates, que cesaron el 7 de enero a consecuencia de las firmes amenazas del Gobierno británico105 tras el combate aéreo que ese mismo día tuvo lugar entre aviones israelíes y británicos, con resultado desfavorable para estos últimos. Tras el alto el fuego, se iniciaron en la isla de Rodas, con la mediación del doctor Ralph Bunche, las negociaciones para la firma de un armisticio entre los contendientes.

Pero parte del Neguev –incluyendo la salida al mar Rojo– seguía bajo control jordano, por lo que los israelíes estimaron que el momento más propicio para su recuperación sería entre la firma del tratado de armisticio con Egipto y la apertura de las negociaciones de armisticio con Jordania; el Acuerdo General de Armisticio con Egipto se firmó el 24 de febrero, las líneas del frente se convirtieron en las fronteras del armisticio, Gaza quedó en poder de los egipcios y la brigada egipcia sitiada en el Bolsón de Faluya se retiró a Egipto conservando sus armas. El 4 de marzo 1949 Israel es aceptado como miembro de las Naciones Unidas. Del 6 al 10 de marzo se desencadenó la proyectada Operación Uvda[19], que le permitió asegurar el control del Neguev y del futuro puerto de Eilat109; tras dicha operación, las negociaciones siguieron su curso y el Líbano firmó el armisticio el 23 de marzo, por el cual, las tropas israelíes se retiraron de las zonas que ocupaban en ese país; Jordania firmó el armisticio el 3 de abril –haciéndose cargo de las zonas ocupadas por las fuerzas iraquíes en Palestina–, y Siria lo hizo el 29 de julio, evacuando estos la cabeza de puente que mantenían en Mishmar Haiardén, quedando dicha zona desmilitarizada. Irak se negó a firmar un armisticio con Israel, mientras que el resto de países árabes participantes en la contienda tampoco firmaron ningún acuerdo con Israel. Una calma tensa se instaura en la zona, y el 11 de agosto de 1949 el Consejo de Seguridad, por Resolución 72 (1949)[20], rinde homenaje al conde Bernadotte y a las diez bajas mortales habidas entre su personal, aprecia las dotes del doctor Ralph J. Bunche por llevar a feliz término la conclusión de los Acuerdos de Armisticio y muestra su aprecio por el personal de la Misión de Naciones Unidas en Palestina. Ese mismo día, por Resolución 73 (1948)[21], declara que los Acuerdos de Armisticio, además de crearse para lograr el establecimiento de una paz permanente en Palestina, sustituyen a la tregua acordada por Resoluciones 50 (1948) y 54 (1948), y que, por tanto, habiendo finalizado todas las funciones asignadas al mediador, este queda relevado de cualquier obligación, y que la presidencia de las comisiones mixtas –establecidas para la vigilancia de los acuerdos de armisticio– será ostentada por el jefe de Estado Mayor de la UNTSO, cuyo personal deberá observar y mantener el cese de las hostilidades y vigilar la aplicación y observancia de los acuerdos.

Con la firma de los Acuerdos Generales de Armisticio la misión de UNTSO se amplió para asistir a las partes en todo lo relacionado con el cumplimiento de lo establecido en los mismos, por lo que despliega infraestructura y personal en todos los países firmantes. Por otra parte, la UNTSO se transformó en una operación autónoma, con consideración de Órgano Subsidiario del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, bajo el mando del jefe de Estado Mayor de la misma. Acaba la primera guerra árabe-israelí. Esta es considerada la “Guerra de Independencia” para los israelíes, y la Nakba (tragedia, desastre) para los palestinos, pues Palestina prácticamente desaparece, repartida entre Israel –que ocupa el 70% del territorio frente al 55% que le otorgaba el plan de partición inicial de Naciones Unidas–, Jordania –que ocupa Cisjordania– y Egipto –que ocupa la Franja de Gaza–; asimismo, se produce un éxodo de entre 600.000 y 900.000 palestinos que se establecen en los países limítrofes, creándose los campos de refugiados y generando un problema añadido al ya existente entre árabes y judíos. En la contienda, la utilización de la fuerza para alcanzar los objetivos de las partes enfrentadas tiene un claro vencedor: Israel. Consigue, por medio de la victoria militar, no solo sobrevivir ante el objetivo árabe de “arrojar a los judíos al mar” y continuar su andadura como Estado, sino ampliar sus posibilidades de supervivencia, su viabilidad como nación independiente: amplía su superficie territorial (aproximadamente un 30%), logra la contigüidad geográfica de la misma, una cierta homogeneidad étnica en su interior y acceso al mar Rojo. Empleando la fuerza, el gobierno de Ben Gurión consiguió la aparición de Israel como Estado independiente, incrementar su cohesión (contigüidad geográfica y uniformidad étnica), una cierta masa crítica (respecto a los factores de espacio y población) y viabilidad (control de vías de comunicación y salidas al mar). La fuerza obtuvo la victoria en el nivel táctico y en el operacional; obtuvo la victoria en el plano militar; pero es discutible si la alcanzó en el nivel político, pues si bien Israel nació como Estado independiente y fue reconocido por la Comunidad Internacional, no logró infligir la victoria decisiva que permitiera el reconocimiento del Estado judío por parte de sus vecinos y adversarios, los países árabes, por lo que tras el conflicto la situación simplemente retornó al punto previo al mismo, a una confrontación llena de escaramuzas y enfrentamientos armados de bajo perfil, si bien en una situación más favorable para Israel. Pero, pese a esa victoria, la Ciudad Antigua de Jerusalén y el corredor de Latrun, que permitía enlazar con ella, permanecía en manos hachemitas, que también ocupaban la margen este del Jordán; todas las grandes ciudades israelíes, así como sus centros industriales, se encontraban dentro del alcance de la artillería de uno u otro país árabe; el país medía, en su punto más estrecho, algo menos de 15 kilómetros, por lo que podría ser fácilmente dividido en dos ante una poderosa incursión jordana o iraquí desde el este. Por lo tanto, Israel continuaba con sus debilidades estructurales, entre las que se puede destacar la falta de profundidad de su territorio –lo que impide ceder terreno a cambio de ganar tiempo para responder en condiciones adecuadas a un ataque– y su escasa población, superada en muchas veces por la suma de sus adversarios declarados. La manera de paliar dichas debilidades consistió, de una parte, en el desarrollo de la denominada doctrina de “defensa ofensiva” que pretende evitar los combates en suelo propio llevándolos lo antes posible al territorio enemigo, y, de otra, en la creación del sistema de reservistas más eficiente del mundo, posibilitando en escasas horas la generación de un gran número de unidades militares y la movilización de todos los recursos de la nación para hacer frente a las amenazas a la seguridad nacional. Consecuentemente, Israel optó por un ejército muy preparado, que sumaba a la gran capacidad de movilización el empleo de la tecnología como factor multiplicador, adoptando unos procedimientos de combate similares a la guerra relámpago empleada por los alemanes en los comienzos de la Segunda Guerra Mundial, la guerra de maniobra, la guerra de tercera generación. También, como medio de compensar la inferioridad numérica de la población judía, se seguiría alentando la inmigración; así, nacerán la Ley del Retorno, de 1950, que proporciona el derecho a todos los judíos del mundo a emigrar a Israel y la Ley de Ciudadanía, de 1952, que concede la ciudadanía a todos los emigrantes judíos y que constituyen la plasmación de este hecho. Esta combinación de factores –unido a la propia historia y mitos judíos– creó un sentimiento ambivalente; de un lado, el sentimiento de invencibilidad, y, de otro, la de estar sometidos a un destino fatal, si bien, tras la primera guerra árabe israelí, en los momentos iniciales de la joven nación hebrea, la percepción, tanto interna como internacional (básicamente en Occidente) era la de “David contra Goliat”, en semblanza de una pequeña nación que derrota a un adversario mucho más fuerte. Por parte árabe, la utilización de la fuerza militar no consiguió el objetivo general señalado: acabar con el Estado de Israel; pese al valor y tenacidad de los combatientes, la desorganización y descoordinación a todos los niveles impidió que la pomposamente calificada como una simple “operación policial” ejecutada por los ejércitos y fuerzas militares de más de seis naciones culminara con la derrota militar del adversario y, presumiblemente, con su existencia como Estado independiente. Y si bien es cierto que la mayor parte de los analistas indican que dicha derrota militar no alteró lo más mínimo el objetivo político –eliminar al Estado judío– algunos autores afirman que, pese a esa derrota, tanto Egipto como Siria y Jordania –que se habían anexionado partes de Palestina– hubieran estado dispuestas a negociar una paz a cambio de concesiones territoriales.

La concurrencia de actores en el conflicto es reflejo de la confluencia de intereses en la zona; a nivel regional, el Estado de Israel fue capaz de articular una herramienta de seguridad adecuada, logrando en buena medida –incluso por medio de la fuerza– el monopolio de la violencia; fue capaz de organizar y coordinar sus medios y recursos, solicitar y canalizar adecuadamente la ayuda exterior –especialmente la procedente de la diáspora– y, sobre todo, fue capaz de mantener una firme voluntad y cohesión, tanto por parte de los líderes como del pueblo; por el contrario, los países árabes, que inicialmente contaban con una abrumadora superioridad de fuerzas, fueron incapaces de coordinar sus acciones, de presentar un bloque realmente unido que hubiera permitido, habida cuenta de la posibilidad de atacar Israel desde varios frentes simultáneamente con fuerzas muy superiores, lograr la victoria militar y alcanzar el objetivo político. En cualquier caso, y con carácter general, el paradigma de conflicto respondió al de guerra entre Estados. El pueblo árabe palestino, pese a ser una de las partes con más interés en la lucha, y pese a su participación activa en las acciones contra Israel, es el gran derrotado del conflicto: no nace una Palestina árabe, sus habitantes son despojados de gran parte de sus tierras y se ven forzados –directamente o por mor de los combates– a exiliarse en los países vecinos; no alcanzan ninguno de sus objetivos, salvo que “su causa” pase a ser “la causa del mundo árabe”, iniciando un ciclo de guerras árabe-israelíes, o, según otra perspectiva –sostenida, entre otros, por Smith– una situación de confrontación permanente con escaladas puntuales al nivel de conflicto bélico. A escala internacional, se materializa la paulatina pérdida de poder de las anteriores potencias coloniales, Francia y Gran Bretaña, siendo sustituidas con rapidez por las nuevas superpotencias, Estados Unidos y la URSS –resulta muy significativo el rápido reconocimiento que del nuevo Estado hacen ambas–; en un entorno de la Guerra Fría, con los bloques liderados por los EE. UU. y la URSS maniobrando en el tablero mundial para ocupar una posición de ventaja, en una zona cada vez más vital por su riqueza en hidrocarburos y su posición como zona de tránsito de los mismos, cualquier acción de un bloque intentará ser contrarrestada por la reacción del otro, aportando una dimensión auténticamente global al conflicto. Reflejo de esa dimensión global es el papel activo que desempeña un nuevo órgano internacional de seguridad, las Naciones Unidas, que en un intento de establecer un cierto orden en un complejísimo asunto, y con la Carta como referente de sus actividades, intenta poner fin al conflicto por todos los medios, medios que, en cualquier caso, son proporcionados por los Estados miembros que, además de su –en muchos casos– innegable interés por la paz mundial, es necesario recordar, tienen y mantienen sus propios y particulares intereses nacionales. Ben Gurión, un visionario con una concepción pragmática del poder, aprovechó las treguas mediadas por la ONU para reorganizar y rearmar sus fuerzas; y mientras los colegas –y los rivales– de Ben Gurión pensaban en términos de incursiones de comandos y métodos bélicos a nivel de pequeñas unidades este insistía en la necesidad de preparación para una guerra total y en su clara comprensión del concepto “Estado”, pese a los choques que en ocasiones tuvo con las diferentes visiones existentes entre los judíos sobre la propia concepción de Israel, aglutinó voluntades, unificó el mando y monopolizó la violencia; estos hechos, junto con la falta de mando unificado árabe, cambiaron radicalmente el curso de los acontecimientos.

La necesidad de conseguir la homogeneidad geográfica y la integración territorial, con unas fronteras continuas –necesidades ya indicadas en el informe realizado por el conde Bernadotte el 16 de septiembre de 1948– guiaron los esfuerzos hebreos, que finalmente se materializaron en un Estado judío, que consiguió un 30% más de territorio que el que había sido asignado por la ONU y que presentaba, debido al éxodo palestino, una sólida mayoría judía y una homogeneidad étnica. Y como indican ciertos analistas, en la euforia de la victoria, solo la amenaza de perder esa mayoría y probablemente provocar una guerra con gran Bretaña –protectora de Egipto y Jordania– disuadió a las IDF de conquistar también Cisjordania y Gaza. Los países árabes habían fracasado –pese a los pomposos desfiles celebrando la victoria en El Cairo y Damasco en su primera campaña tras la independencia–, vencidos por un relativamente pequeño ejército judío en una campaña que no había producido ningún héroe, sino solo soldados –como Nasser– y pueblos resentidos con sus líderes, a los que acusaban de la humillación sufrida ante Israel. La disociación entre la “calle árabe” y sus líderes será cada vez mayor, y generará el caldo de cultivo donde se propagarán revoluciones y movimientos de todo tipo que convulsionarán al mundo árabe y al Oriente, haciendo que en ocasiones el único elemento cohesionador esté constituido por el odio a Israel. A la derrota de los países árabes preciso sumarle la de la propia población árabe palestina –en adelante definida como “palestinos”–, que pierde gran parte de su territorio y la posibilidad de establecerse como actor independiente; de hecho, Cisjordania quedará bajo control de Jordania, y la Franja de Gaza, bajo el de Egipto, imposibilitando la existencia y el propio surgimiento de un liderazgo palestino autónomo que entroniza la “causa palestina”, por consiguiente, como un factor añadido de inestabilidad instrumentalizado por todas las partes en el complejo mosaico de Oriente. Y para intentar paliar la dramática situación de los refugiados palestinos –cuestión ya abordada por la Asamblea General en su Resolución 212 (III) de 08 de diciembre de 1948[22]– en 1949 este mismo órgano de Naciones Unidas crea, por Resolución 302 (IV), de 08 de diciembre de 1949[23], la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), que entraría en funciones el 1 de mayo de 1950 y que continúa activa en la actualidad. La creación de la primera misión de Naciones Unidas, la UNTSO, marcaría un hito en el afán por intentar alcanzar la paz mundial; tímidamente al principio –ante un conflicto que acontecía escaso tiempo después de la guerra más destructora de la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial– la joven organización que representa las Naciones Unidas intenta cumplir con lo establecido en el preámbulo de la Carta.  Las dificultades son muchas, comenzando por la falta de experiencia e incluso de recursos, pero la necesidad de “hacer algo” supera muchas barreras y permite el nacimiento de una nueva herramienta de paz. Ciertamente, la UNTSO, –todavía vigente en la actualidad– quizás no pueda ser vista como una operación plena de éxitos, pues tras su nacimiento múltiples guerras continuarán asolando oriente; pero no es menos cierto que su presencia y actividad ha contribuido no solo a aliviar el sufrimiento de la población, sino también a generar o aprovechar el adecuado entorno político (o político-militar) para realizar avances en el camino de la paz, siendo el embrión que ha permitido, en una zona en constante conflictividad como es el Oriente, generar y apoyar posteriores misiones, mantener una presencia internacional permanente y dar testimonio de la voluntad de sacrifico de sus miembros por el ideal de la paz. Es cierto que la primera guerra árabe-israelí acaba cuando un bando consigue, por la fuerza de las armas, al menos parte de sus objetivos; pero no es menos cierto que sin la labor de la UNTSO la situación hubiera sido, probablemente, mucho peor.

[1] La Ley del Retorno, es una de las leyes más importantes de Israel, ya que concede residencia y, junto con otras leyes, ciudadanía a los judíos de cualquier lugar del mundo que deseen emigrar a este país. A través de esta Ley todas las personas judías o descendientes de judíos hasta tercera generación (hijos, nietos, sus cónyuges e hijos menores de edad de los cónyuges) tienen derecho a inmigrar a Israel y recibir la ciudadanía israelí con sus beneficios, derechos y obligaciones

[2] Hachemíhashimí o hachemita, es el nombre que se da a un linaje árabe, en la actualidad reinante en Jordania y presente en Marruecos, que procede de los Banu Háshim o hijos de Háshim, uno de los clanes más importantes de la antigua tribu de Quraish, radicada en La Meca, y a la que pertenecía Mahoma (nombre que suele transcribirse del árabe como Muhámmad).

[3] Abdul Rahman Hassan Azzam, (8 March 1893 – 2 June 1976), also known as Azzam Pasha, was an Egyptian diplomat and politician. He was the first Secretary-General of the Arab League, from 22 March 1945 to September 1952. Azzam also had a long career as an ambassador and parliamentarian. He was an Egyptian nationalist, one of the foremost proponents of pan-Arab idealism, and opposed the partition of Palestine

[4] Ahmad Shukeiri, político libanés, primer presidente de la Organización para la Liberación de Palestina desde su fundación en 1964 hasta 1967. Nacido en Líbano de padre palestino y de madre turca, Sheikh As’ad Shukeiri, fue miembro del parlamento turco como representante de Acre entre 1908 y 1912 .Shukeiri cursó sus estudios de abogado en Jerusalén. Entre 1949 y 1951 fue miembro de la delegación de Siria en la ONU, siendo más tarde, entre 1950 y 1956, secretario general de la Liga Árabe y embajador de Arabia Saudita en la ONU (1957-1962). En 1964 fue elegido como primer presidente de la OLP en El Cairo durante un encuentro de líderes árabes. Del 28 de mayo al 2 de junio de 1964 Shukeiri y 388 demás delegados se reunieron en Jerusalén Este en el primer Consejo Nacional Palestino. Una resolución del consejo resolvió que, la OLP, y no los estados de la Liga Árabe serían los representantes del pueblo palestino. Pues durante su tiempo como presidente de la OLP Shukeiri no llegó a tomar control sobre la OLP y su ala militar el ELP, y la mayoría de las decisiones importantes de hecho eran tomadas por el Presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, el Rey de Jordania, Hussein I, o los otros líderes árabes. En diciembre de 1967, como respuesta por la derrota árabe en la Guerra de los Seis Días en junio de aquel año, Dr. Shukeiri dejó su puesto por Yahya Hammuda. Esto provocó que la generación de los fedayín, los líderes guerrilleros como Yasser Arafat y George Habash se hicieran con el control de la OLP. En 1968 con la batalla de Karameh, Jordania comenzó a apoyar a Arafat al puesto de presidente de la OLP como líder de los palestinos, lo que ocurrió en febrero de 1969. Durante los 70, cuando Arafat declaró el Programa de los Diez Puntos, Shukeiri se opuso, y llamó a una campaña militar contra Israel hasta que toda Palestina fuera libre.

[5] La Resolución 49 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 22 de mayo de 1948, considerando que las resoluciones anteriores del Consejo de Seguridad con respecto a Palestina no han sido cumplidas y que las operaciones militares todavía se estaban llevando a cabo en dicha región, la resolución llamó a todos los gobiernos y autoridades a abstenerse de cualquier otra acción militar hostil en Palestina y con ese fin emitir una orden de cese del fuego a sus fuerzas militares y paramilitares para que entre en vigor al mediodía, el 24 de mayo de 1948, hora local de la ciudad de Nueva York. La resolución ordenó además a la Comisión de Tregua para Palestina establecida en la Resolución 48 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que informara al Consejo sobre el cumplimiento de la resolución por las partes interesadas. La resolución fue aprobada con ocho votos y tres abstenciones de la RSS de Ucrania, la Unión Soviética y Siria.

[6] La Resolución 50 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 29 de mayo de 1948, hizo un llamado a todos los gobiernos y autoridades involucradas en el conflicto de Palestina para que ordenaran el cese de todos los actos de la fuerza armada durante cuatro semanas, para que se abstuvieran de introducir personal de combate en Palestina, Egipto, Irak, Líbano, Arabia Saudita, Siria, Transjordania o Yemen durante el alto el fuego, a abstenerse de importar o exportar material bélico a Palestina, Egipto, Irak, Líbano, Arabia Saudita, Siria, Transjordania o Yemen durante el alto el fuego. La resolución también instó a todos los gobiernos y autoridades a hacer todo lo que esté a su alcance para garantizar la seguridad de los Santos Lugares de la zona, así como de la ciudad de Jerusalén, y para asegurar el libre acceso a los mismos. Encomendó al Mediador de las Naciones Unidas en Palestina que se pusiera en contacto con todas las partes implicadas para velar por la aplicación de la tregua y le ofreció tantos observadores militares como fueran necesarios para ello. En la resolución se decidió que si se violaban las condiciones establecidas en ella y en resoluciones anteriores, el Consejo volvería a examinar la cuestión con miras a adoptar medidas en virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas. La resolución fue aprobada por partes; no se sometió a votación la resolución en su conjunto.

[7] La resolución 53 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aprobada el 7 de julio de 1948, después de tomar en consideración un telegrama del Mediador de las Naciones Unidas enviado el mismo día de la sesión y hacer un llamamiento urgente a las partes interesadas para que acepten en principio la prolongación de la tregua durante el periodo que se decida en consultas con el Mediador. La resolución fue aprobada con ocho votos a favor y ninguno en contra; la República Socialista Soviética de Ucrania, la Unión Soviética y Siria se abstuvieron.

[8] La Resolución 54 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 15 de julio de 1948, determinó que la situación en Palestina constituía una amenaza a la paz en el sentido del Artículo 39 de la Carta de las Naciones Unidas. La resolución ordenó a todos los gobiernos y autoridades concernidas que desistieran de cualquier acción militar y que emitieran un alto el fuego a sus fuerzas militares y paramilitares para que entrara en vigor en el momento que determinara el mediador en los tres días siguientes. También declaró que el incumplimiento de esas órdenes demostraría la existencia de una violación de la paz en el sentido del artículo 39 de la Carta y requeriría un examen inmediato por el Consejo. La Resolución ordenó además que, como cuestión de especial necesidad, se produjera un alto el fuego inmediato e incondicional en la Ciudad de Jerusalén al día siguiente. La Resolución instruía al Mediador de las Naciones Unidas a que prosiguiera sus esfuerzos para desmilitarizar la Ciudad de Jerusalén y garantizar el acceso seguro a la misma, y a que examinara las presuntas violaciones de las treguas anteriores establecidas por el Consejo y, a tal fin, pedía al Secretario General que le proporcionara el personal, la financiación y las instalaciones necesarias para llevar a cabo sus tareas. La resolución fue aprobada con siete votos a favor. Siria votó en contra de la resolución mientras que Argentina, la RSS de Ucrania y la Unión Soviética se abstuvieron en la votación.

[9] La Resolución 56 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 19 de agosto de 1948, habiendo recibido comunicaciones del Mediador de las Naciones Unidas sobre la situación en Jerusalén, el Consejo dirigió la atención de los gobiernos y autoridades a la Resolución 54 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El Consejo decidió que todas las partes implicadas debían asumir la responsabilidad directa de todas sus fuerzas regulares e irregulares, que debían utilizar todos los medios disponibles para evitar que se rompiera la tregua y que cualquier grupo o sujeto que lo hiciera debía ser sometido a un rápido juicio. El Consejo también decidió que ninguna parte podría violar la tregua como represalia por otra violación y que ninguna parte tendría derecho a obtener ventajas militares o políticas mediante la violación de la tregua. La resolución fue votada por partes. Por lo tanto, no se votó la totalidad de la resolución.

[10] Folke Bernadotte, conde de Wisborg (Estocolmo, 2 de enero 1895-Jerusalén, 17 de septiembre 1948) fue un noble sueco, militar, diplomático y dirigente de la Cruz Roja Sueca. Como hijo del príncipe Óscar Bernadotte y nieto del rey Óscar II, era conde de Wisborg. Es recordado por la participación en rescates de prisioneros de guerra en campos de concentración de la Alemania Nazi durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, y por la actuación que realizó como mediador de la Organización de las Naciones Unidas en la guerra árabe-israelí de 1948. Fue asesinado a tiros por el grupo terrorista judío Lehi.

[11] La resolución 57 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas fue adoptada por unanimidad el 18 de septiembre de 1948. Impactado por la muerte del conde Folke Bernadotte, el mediador de las Naciones Unidas en Palestina, el Consejo solicitó que el Secretario General mantuviese la bandera de las Naciones Unidas a media asta por tres días, lo autorizó para que el Working Capital Fund cubriese todos los gastos relacionados a la muerte brutal del mediador de las Naciones Unidas y que fuese representado en el entierro por el presidente de la persona que haya asignado para la ocasión.

[12] Ralph Johnson Bunche (7 de agosto de 1904 – 9 de diciembre de 1971) fue un politólogo y diplomático estadounidense. Galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1950. El premio le fue concedido por su labor como mediador de la ONU en Palestina durante el final de la década de los cuarenta que condujo al armisticio entre judíos y árabes. Fue el primer galardonado negro en la historia del premio, hasta 1950 todos los galardonados habían sido de raza blanca.

[13] La Operación Yoav (también llamada Operación Diez Plagas u Operación Yo’av) fue un operación militar israelí realizada entre el 15 y el 22 de octubre de 1948 en el Desierto del Néguev, durante la guerra árabe-israelí de 1948. Su objetivo era abrir una brecha entre las fuerzas egipcias a lo largo de la costa y la carretera Beerseba–Hebrón–Jerusalén y, en última instancia, la conquista de todo el Néguev. La Operación Yoav fue encabezada por el comandante del frente sur, Yigal Alón. La operación fue llamada después, en honor a Yitzhak Dubno, con el nombre en código “Yoav” ante los comandantes del Palmaj. Dubno, un oficial de alto cargo en el Palmaj, fue el encargado de planificar y dirigir la defensa de los kibutz Yad Mordejai y Negba. Dubno fue muerto en un ataque aéreo en el kibutz Negba poco después de que las fuerzas egipcias comenzaron su ofensiva en el frente sur de Israel.

[14] Resolución 59 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 19 de octubre de 1948, relativa a la preocupación por el hecho de que el Gobierno Provisional de Israel todavía no hubiera presentado un informe al Consejo sobre el progreso de la investigación de los asesinatos del Mediador de las Naciones Unidas, el Conde Folke Bernadotte, y del Observador, el Coronel Andre Serot, el Consejo pidió al Gobierno israelí que presentara una relación de los progresos realizados en la investigación e indicara en ella las medidas adoptadas con respecto a la negligencia de los funcionarios u otros factores que afectaran al delito. La Resolución recordó a los gobiernos y autoridades competentes su obligación de cumplir los objetivos y responsabilidades establecidos en la Resolución 54 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en la Resolución 56 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El Consejo encargó a los gobiernos y autoridades que permitieran a los observadores acreditados de las Naciones Unidas acceder fácilmente a todos los lugares a los que sus funciones pudieran exigirles ir, que simplificaran los procedimientos en las aeronaves de las Naciones Unidas que estuvieran en vigor en ese momento, que cooperaran plenamente con el personal de supervisión de la tregua, que aplicaran las instrucciones dadas a los comandantes sobre el terreno en todos los acuerdos concertados por conducto de las oficinas del Mediador y que adoptaran medidas razonables para garantizar la seguridad de todo el personal de supervisión de la tregua y su equipo. El Presidente del Consejo anunció que la resolución había sido aprobada sin ninguna objeción.

[15] La Resolución 61 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 4 de noviembre de 1948, decidió que la tregua establecida en la Resolución 54 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas permanecerá en vigor hasta que se logre un ajuste pacífico de la futura situación de Palestina. A tal fin, el Consejo ordenó la retirada de las fuerzas en la zona hasta las posiciones mantenidas el 14 de octubre, autorizando al Mediador en funciones a establecer líneas provisionales más allá de las cuales no se produciría ningún movimiento de tropas. El Consejo también decretó que las zonas neutrales se establecerán mediante negociaciones entre las partes o, en su defecto, por decisión del Mediador interino. En la resolución también se designó un comité integrado por los cinco miembros permanentes del Consejo, junto con Bélgica y Colombia, para que asesorara al Mediador interino y, en caso de que una o ambas partes no cumplieran con la resolución, asesorara al Consejo sobre las medidas adicionales que sería conveniente adoptar en virtud del Capítulo VII de la Carta. La resolución fue adoptada con nueve votos y uno en contra (RSS de Ucrania), mientras que la Unión Soviética se abstuvo.

[16] La Resolución 62 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 16 de noviembre de 1948, pidió un armisticio en todos los sectores de Palestina, a fin de facilitar la transición de la tregua entonces vigente (establecida por la Resolución 54 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas) a una paz permanente. No se sometió a votación la resolución en su conjunto, ya que se votó por partes.

[17] La Resolución 66 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada el 29 de diciembre de 1948, en respuesta a un informe del Mediador en funciones sobre las hostilidades que estallaron en el sur de Palestina el 22 de diciembre, a pesar de los llamamientos de la ONU para un alto el fuego, el Consejo exigió la aplicación inmediata de la Resolución 61 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La Resolución instruye al Mediador en funciones para que facilite la completa supervisión de la tregua por parte de los observadores de la ONU. La Resolución encarga además al comité designado en la Resolución 61 del CSNU que se reúna en Lake Success, Nueva York, el 7 de enero para examinar la situación en el sur de Palestina e informar al Consejo sobre la medida en que los gobiernos han cumplido o no con las Resoluciones 61 y 62 del CSNU. La Resolución también invitó a Cuba y Noruega a sustituir a los dos miembros salientes del comité (Bélgica y Colombia) el 1 de enero. La resolución fue adoptada por ocho votos a favor y ninguno en contra; la República Socialista Soviética de Ucrania, los Estados Unidos y la Unión Soviética se abstuvieron.

[18] El tratado anglo-egipcio de 1936 fue un tratado firmado entre el Reino Unido y el Reino de Egipto. Requería al Reino Unido que retirase todas sus tropas de Egipto, excepto las que fueran necesarias para proteger el Canal de Suez y sus alrededores: diez mil tropas más el personal auxiliar. El Reino Unido también equiparía y entrenaría al ejército egipcio para ayudarlos a defenderse en caso de guerra. El tratado fue firmado el 26 de agosto en el Palacio Zaafarana y ratificado el 22 de diciembre, e inicialmente duraría veinte años.

[19] La operación Uvdá, fue una operación llevada a cabo por las Fuerzas de Defensa de Israel durante la guerra árabe-israelí de 1948, entre el 5 y el 10 de marzo de 1949. Fue la última campaña llevada a cabo por el ejército israelí durante la guerra y su objetivo era capturar el sur del desierto del Néguev, reclamado por el reino de Jordania por encontrarse bajo su control durante las conversaciones de armisticio de 1949, iniciadas en enero. El Néguev fue designado para formar parte del Estado judío en el Plan de Partición de la ONU de 1947. El nombre Uvdá significa en hebreo hecho, en referencia a que el objetivo de la operación era establecer de facto la soberanía israelí sobre el territorio en cuestión, en lugar de realmente conquistarlo. Como tal, las fuerzas israelíes no enfrentaron una resistencia significativa en su camino. La región reivindicada durante estas operaciones se conocen actualmente como Uvdá. Las brigadas Néguev, Golani y Alexandroni participaron en la operación, así como una serie de unidades más pequeñas.

[20] https://undocs.org/es/S/RES/72%20(1949)

[21] https://undocs.org/es/S/RES/73%20(1949)

[22] https://www.un.org/es/documents/ag/res/3/ares3.htm

[23] https://www.un.org/es/documents/ag/res/3/ares3.htm