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La Redefinición de la OTAN: Las nuevas amenazas tras la caída del Pacto de Varsovia

La reflexión en este ejercicio, en el cual me gustaría contextualizar un debate en torno a la continuidad de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), inmediatamente después del fin de la Guerra Fría, provocó una serie de posturas, concernientes un objetivo claro para la existencia de la misma, al haber desaparecido la amenaza comunista. Otras más, aludiendo a los nuevas problemáticas mundiales que habían surgido o resurgido como consecuencias del Nuevo Orden Internacional que nació con el fin del conflicto Este-Oeste. En esta perspectiva, creo que, se han planteado diferentes enfoques con respecto al mantenimiento de la Alianza Trasatlántica, en los cuales hay quienes cuestionan no sólo su continuidad sino el liderazgo norteamericano en este órgano, y por otro lado, existe la tendencia a mantener con vida a la OTAN, debido a la necesidad que tienen tanto Estado Unidos como los países europeos de afrontar de manera unificada los graves peligros que amenazan la seguridad internacional en la actualidad.

La OTAN es un órgano político que fue creado después de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo principal de poder contrarrestar el avance comunista soviético en la Europa Occidental. En sus primeros años de existencia la Alianza mantuvo un estado de cohesión importante que permitió la contención del expansionismo soviético en el viejo continente, el cual había encontrado sus fundamentos de acción en la contrapartida de la Alianza Occidental, el llamado Pacto de Varsovia, que representaba también una alianza de índole defensivo contra la influencia capitalista occidental. A partir de la década de los sesenta, la Alianza Atlántica empieza a mostrar ciertos rasgos de distanciamiento con respecto a determinadas acciones militares emprendidas principalmente por sus socio mayoritario y líder de la misma: Estados Unidos. En una primera instancia, surge una tendencia de independencia de la seguridad europea con respecto a Estados Unidos, que lleva a la separación de Francia de la OTAN, en aspectos militares, ya que en el plano político, este país aún participa como miembro de la Alianza. Posteriormente, al desatarse el conflicto turco-griego de Chipre, la OTAN también se vio afectada por las distintas posiciones de sus miembros con respecto al conflicto. La indecisión de la OTAN para participar en dicho conflicto, llevó a la salida de Grecia de la Alianza, al igual que Francia siguió manteniendo relaciones políticas con el mismo. Sin embargo, dichas situaciones, no fueron causa de grandes e irreconciliables posturas por parte de los países miembros de la Alianza. En general, se puede decir que durante todo el tiempo que duró la Guerra Fría, la OTAN se mantuvo firme y unida con respecto a sus objetivos conjuntos. A raíz del fin de la Guerra Fría, el papel que desempeñó la OTAN ha sufrido cambios importantes , debido en primer lugar, al posicionamiento de Estados Unidos como una gran potencia que no tiene frente a sí a una oponente como la que fue la URSS. En segundo lugar y como consecuencia de lo anterior, el concepto de seguridad en Europa ha debido reencaminarse, ya que al desaparecer la amenaza comunista, parecía que las estrategias defensivas enmarcadas en la Alianza Trasatlántica no tienen sentido al no haber ya un objetivo claro de su existencia. En torno a este aspecto, principalmente se fue gestando el debate referente a la continuidad o desaparición de la OTAN. Por un lado, puede surgir, la postura tendiente a su desaparición, no cual en realidad estoy seguro de que no pasará de ser una mera suposición, ya que si bien es cierto, el objetivo para lo cual había sido creado carecía ya de sustento, con la caída de la URSS y en consecuencia del comunismo, surgen nuevos retos y peligros en el mundo, que conllevan a la continuidad de la OTAN como un órgano ya no solo defensivo, sino también preventivo ante dichas amenazas.

Entre tales amenazas se pueden mencionar los conflictos regionales, las armas químico-bacteriológicas, las de destrucción masiva y el terrorismo. Estas palabras ya existían durante la Guerra Fría, sin embargo, el marco de acción cerrado y defensivo de la época permitía un mayor control de los mismos. Con el fin del conflicto Este-Oeste y con la subsiguiente vulnerabilidad política, social, económica y militar que sufrieron los países miembros del antiguo bloque comunista, estas amenazas encontraron mayores cauces de acción y se han convertido en la actualidad en serios problemas que no afectan únicamente a una región determinada, sino incluso, la seguridad internacional en general. Debido a esta perspectiva en que la OTAN encontró un nuevo sustento o una serie de sustentos que permitieron su continuidad. Durante la Guerra del Golfo Pérsico, por ejemplo, aún cuando la Alianza no participó en forma conjunta, varios de los países miembros apoyaron indirectamente en los ámbitos político, económico y militar a Estados Unidos. Esta tendencia cambio radicalmente en el conflicto de los Balcanes cuando EEUU estuvo presionando a la Alianza llevó a esta a realizar bombardeos sobre Servia, en las criticadas acciones humanitarias que realizaron en la región. En esta panorámica, la situación de la OTAN, con el fin de la Guerra Fría, es la de un órgano de Alianzas, especialmente, en materia de seguridad, que se mantiene como el principal sustento de la seguridad europea y en consecuencia, como el principal baluarte defensivo en la región para Estados Unidos.

SEGUNDO EJERCIO: LA OTAN DEL SIGLO XXI: NUEVAS COMPETENCIAS, NUEVOS MIEMBROS, NUEVAS RELACIONES.

Los ataques del 11 de septiembre y la respuesta rápida y firme de la OTAN comprobaron el valor permanente de la OTAN. Al invocar el Artículo 5 por primera vez en su historia, la OTAN envió el claro mensaje de que la Alianza estaba unida y decidida a derrotar al terrorismo. Los norteamericanos valoraban mucho la respuesta colectiva de la OTAN, así como las contribuciones individuales de los aliados a la Operación Libertad Duradera y a la Fuerza Internacional de Asistencia de Seguridad. Los aviones del Sistema Aerotransportado de Alerta y Control Anticipado (AWAC) de la OTAN realizaron más de 2.600 horas patrullando sobre los objetivos determinados por el Mando Militar de la Aliazna, y buques de la OTAN patrullan el Mediterráneo oriental. Todos los aliados de la OTAN han dado derechos generales de sobrevuelo, acceso a puertos y bases, asistencia de reabastecimiento y actividades intensificadas de inteligencia. Cincuenta años de cooperación a través de la OTAN hacen natural la participación de fuerzas aliadas y asociadas en la Operación Libertad Duradera y en la Fuerza Internacional de Asistencia de Seguridad. Las contribuciones aliadas y ligadas a la Operación Libertad Duradera incluyen amplias misiones de reconocimiento aéreo, reabastecimiento, transporte de carga y de apoyo aéreo cercano; una gama de misiones con fuerzas especiales; unidades especializadas en armas nucleares, biológicas y químicas; unidades de limpieza de minas; unidades médicas, y una variedad de naves aliadas en patrulla. Casi todos los contribuyentes a la Fuerza Internacional de Asistencia de Seguridad, encabezadas actualmente por Gran Bretaña y esperamos que será seguida por Turquía, son actualmente aliados, potenciales aliados futuros, o países asociados de la OTAN que han participado en entrenamientos y maniobras con la OTAN en la Asociación para la Paz. En conjunto estos aliados y asociados han desplegado casi 4.000 efectivos en Afganistán.

Pienso que, el 11 de septiembre hizo que nos enfrentásemos a nuevas amenazas y nuevos desafíos. Es la razón por la cual los ministros de la OTAN en su reunión de diciembre de 2001 en Bruselas acordaron intensificar los esfuerzos comunes para hacer frente a las amenazas del terrorismo y de las armas de destrucción masiva que enfrentan todos los aliados. El presidente Bush se reunió con los gobernantes aliados en Praga, para poder esclarecer y obtener un nuevo marco conceptual estratégico con los aliados, para que estén listos para aprobar un programa de acción para poder mejorar la capacidad de la OTAN, y enfrentarse a estas y otras amenazas. Creo que, la OTAN responderá a estos desafíos, de la misma manera en que ha respondido a cada desafío que se le ha presentado. Digo esto porque, contrariamente al mito de la OTAN como una reliquia de la guerra fría que lucha por definir su función desde la caída del Muro de Berlín, la OTAN se ha adaptado efectivamente en su historia. Desde la integración de Alemania Occidental en la década de 1950 hasta la respuesta al armamentismo soviético con misiles en las décadas de 1960 y 1970, hasta los debates sobre las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF) en la década de 1980 y la desaparición final del Pacto de Varsovia en la década de 1990, la OTAN ha respondido a las nuevas amenazas al aprovechar las oportunidades para fomentar la estabilidad y la seguridad. Desde el fin de la guerra fría, la OTAN ha sido clave en la estabilidad y seguridad del área euro-atlántica. Una ronda de expansión comenzó a borrar la línea que Stalin había trazado en toda Europa. La OTAN respondió para frenar la matanza en Kosovo. La OTAN actuó para acabar la guerra en Bosnia y Herzegovina. Y la OTAN ha creado nuestros patrones de cooperación a través de un Consejo Conjunto Permanente con Rusia, la Comisión OTAN-Ucrania, la Asociación para la Paz y el Consejo de la Asociación Euro-Atlántica. Cuando consideramos el futuro de la OTAN, las palabras de uno de sus fundadores, hace medio siglo, todavía nos ofrecen la guía sobre el camino por delante. Al hablar en diciembre de 1950 tras una reunión del Consejo del Atlántico Norte (CAN) en Bruselas, Dean Acheson observó: “La actitud que asumimos nosotros y nuestros aliados es avanzar con valentía y con determinación para establecer nuestro poderío común. Consideramos los peligros como peligros comunes y creemos que pueden y deben ser enfrentados con poderío común. Creemos que ellos necesitan nuestra ayuda para mantener su seguridad y que nosotros necesitamos su ayuda… Por lo tanto, asumimos una política de avanzar con vigor, determinación y valentía. Rechazamos toda política de permanecer sentados temblando en un sótano de tormenta esperando cualquier destino que otros pudieran querer prepararnos”.

Los ataques del 11 de septiembre dejaron en claro que el mundo está lejos de estar a salvo y ser seguro. El presidente checo Vaclav Havel, el anfitrión de la Cumbre de Praga, observó que el 11 de septiembre“nos alertó sobre el mal que existe en el mundo. Y todavía rechazamos la política de temblar en un sótano de tormenta. En este mundo peligroso, los aliados son indispensables si vamos a derrotar las nuevas amenazas planteadas por terroristas y estados hostiles que procuran armas de destrucción masiva. Quienes sugieren que la OTAN ya no es esencial, ignoran el hecho que la OTAN deriva su poderío del propósito común de defender a nuestros pueblos y a nuestros valores”. La OTAN enfrenta muchos desafíos. La Cumbre de Praga fue una crucial ocasión de aquellos esfuerzos pasados y futuros para darle forma a la Alianza del nuevo siglo. Pienso que la OTAN tiene que readaptarse a los nuevos peligros que acechan el mundo: Ante todo creo, que debemos asegurarnos que la OTAN goza de las nuevas competencias necesarias para enfrentar las amenazas de hoy a nuestros pueblos, acordar la condición de miembros de la OTAN a otras de las nuevas democracias de Europa, e intensificar la relación de la OTAN con Rusia, Ucrania y otros asociados. Nuevas competencias. Nuevos miembros. Nuevas relaciones. No es por accidente que esta nueva agenda sea paralela con las metas fundadoras de la OTAN, establecidas en el Tratado de Washington en 1949: salvaguardar la libertad, la heredad común y la civilización de nuestros pueblos; vivir en paz con todos los pueblos y gobiernos, y promover la estabilidad y el bienestar del área del Atlántico Norte.

El esfuerzo requerido para mejorar las competencias de la OTAN para enfrentar las amenazas del siglo XXI se basará en la labor realizada desde el fin de la guerra fría. El concepto estratégico de la OTAN reconoció tan temprano como en 1991 que “los intereses de seguridad de la Alianza pueden ser afectados por otros riesgos de una naturaleza más amplia, incluidas la proliferación de armas de destrucción masiva, interrupción del flujo de recursos vitales y acciones de terrorismo y de sabotaje”. El Concepto Estratégico de 1999 reiteró este reconocimiento, observando que “los nuevos riesgos de la paz y de la estabilidad euroatlántica se hacían más claros: opresión, conflicto étnico, proliferación de armas de destrucción masiva y la propagación mundial de tecnología de armas y terrorismo”. La creciente brecha en la capacidad entre Estados Unidos y Europa es el problema a largo plazo más grave que enfrenta la OTAN y debe ser atendido. Los aliados de la OTAN necesitan fuerzas flexibles, sostenibles, capaces de desplazarse a grandes distancias en caso de urgencia y descargar un poderío de fuego abrumador al llegar. En la actualidad Estados Unidos tiene la vasta preponderancia de esas fuerzas. Otros aliados, en comparación, tienen competencia limitada en áreas críticas como transporte, armas de precisión, inteligencia y plataformas de vigilancia, y protección de fuerzas contra agentes biológicos y químicos.

A mi entender, la segunda meta en este arduo y fatigoso camino, al que nos enfrentamos es continuar el proceso de crear una comunidad euroatlántica unida extendiendo la condición de miembros a los países europeos democráticos que han demostrado su determinación de defender los principios de la democracia, la libertad individual y el imperio de la ley; su deseo de promover la estabilidad, y su resolución de unir sus esfuerzos para la defensa colectiva. Hay que tener claro que, “Yalta no ratificó una divisoria natural, sino que dividió una civilización viviente”. Diría que, la meta de la OTAN es borrar las líneas falsas que han dividido a Europa y de“recibir en el hogar de Europa” a toda nación europea que luche por lograr la democracia, mercados libres y una fuerte cultura cívica. El proceso de ampliación de las nuevas democracias de Europa iniciado en 1997 ha cumplido la promesa de la OTAN y nos ha acercado a completar la visión de los fundadores de la OTAN de una Europa libre y unida. Pero nuestra tarea no está terminada. Me gustaría expresar mi convicción en la incorporación a la OTAN como miembros a “todas las democracias de Europa que lo soliciten y estén dispuestas a compartir las responsabilidades que conlleva pertenecer a la OTAN.

Estados Unidos debe seguir colaborando estrechamente con los aliados y los nueve países aspirantes actuales para fortalecer sus preparaciones para que los aspirantes a los que se invite a incorporarse hagan un aporte al poderío y vitalidad de la OTAN. Algunos sectores han preguntado después del 11 de septiembre si la expansión debe seguir siendo una prioridad. Creo que la respuesta debe ser que “sí”. Los acontecimientos del 11 de septiembre han reforzado la importancia de una colaboración e integración aún más estrecha entre Estados Unidos y todas las democracias de Europa. Para que enfrentemos las nuevas amenazas a nuestra seguridad, necesitamos crear la coalición más amplia y fuerte posible de países que comparten estos valores y capaces de actuar efectivamente con Occidente. Con la libertad bajo ataque, debemos demostrar nuestra resolución a hacer tanto como podamos para hacer avanzar su causa.

También debemos reflexionar sobre cuales van a ser las competencias y contribuciones potenciales que los nuevos miembros traerán a la Alianza. El Tratado de Washington establece claramente que los estados invitados a incorporarse a la OTAN deben estar en posición de practicar los principios del Tratado y contribuir a la seguridad del área euroatlántica. Esta es la norma que nosotros y nuestros aliados aplicaremos al aproximarse las decisiones que se establecieron en Praga. Los nuevos aspirantes saben que la OTAN involucra compromisos graves y responsabilidades solemnes. Muchos ya han demostrado su determinación a contribuir a la seguridad y estabilidad euroatlántica. Individualmente, los aspirantes han respondido como aliados de hecho, ofreciendo derechos de sobrevuelo, privilegios de tránsito y bases, fuerzas militares y policiales, unidades médicas y apoyo de transporte a los esfuerzos de Estados Unidos. La mayoría participa en la Fuerza Internacional de Asistencia de Seguridad en Afganistán. Antes del 11 de septiembre, la mayoría de los países aspirantes había contribuido activamente a los esfuerzos de la OTAN para prevenir nuevas hostilidades en los Balcanes.
Creemos que la ampliación de la OTAN es un medio para lograr los propósitos básicos de la organización, y que contribuirá al dinamismo continuo de la OTAN como la institución básica de seguridad en el área euroatlántica. La ampliación también abrirá el círculo de democracias y expandirá la zona de estabilidad y de seguridad a través de los países bálticos y los Balcanes. No recibir a los países que han superado años de dictadura comunista y han probado su capacidad y voluntad de contribuir a nuestra seguridad común sería abandonar los principios mismos que han sido la fuente del poderío y vitalidad de la OTAN.

La OTAN y Rusia han tomado medidas para dar nuevo impulso y dirección a su extensa cooperación tras el 11 de septiembre. La visión de los Estados Unidos de una Rusia“plenamente reformada, completamente democrática y estrechamente vinculada con el resto de Europa”, capaz de crear asociaciones con las grandes instituciones de Europa, incluida la OTAN. En las más recientes reuniones ministeriales en Bruselas, los aliados acordaron establecer un nuevo cuerpo OTAN-Rusia – el Consejo OTAN-Rusia – que facilitará las decisiones y acciones conjuntas en áreas de interés común entre la OTAN y Rusia. Esta relación llamada “de los 20” ofrecerá a Rusia la oportunidad de participar en dar forma al desarrollo de los mecanismos cooperativos en áreas que escoja la Alianza, como el antiterrorismo, preparación de la defensa civil, administración aérea y del espacio, y entrenamiento y maniobras conjuntas. “Los 20” no dará a Rusia la facultad de vetar las acciones de la OTAN en área alguna. No es una puerta trasera para que ingrese a la OTAN. No infringirá las prerrogativas de la OTAN. Los miembros de la OTAN seguirán tomando toda decisión por consenso sobre cualquier asunto. El Consejo OTAN-Rusia estará completamente separado del Consejo del Atlántico Norte, el cual seguirá reuniéndose y tomando decisiones como siempre lo ha hecho sobre toda la gama de asuntos en el temario de la OTAN. Mientras forjamos nuevos vínculos con Rusia, nuestra visión cooperativa para la OTAN abarca a todos los socios de la OTAN, incluidos Ucrania, los países del Cáucaso y del Asia Central y los asociados del Diálogo Mediterráneo. En efecto, la OTAN es la única institución que puede unir al continente en la cooperación para la seguridad y sigue siendo el vínculo para ensanchar y profundizar la seguridad euroatlántica. Creo que los EEUU y sus aliados europeos deberían enfocar las actividades de la Asociación de la OTAN en países del Asia Central que han desempeñado papeles tan constructivos en la guerra contra el terrorismo. La Asociación para la Paz y el Consejo de la Asociación Euroatlántica (EAPC) han sido vehículos exitosos de la integración, pero creo que, se puede hacer mucho más para expandir la cooperación entre la OTAN y estos países. Casi 53 años después de su creación, la OTAN sigue siendo el núcleo del compromiso de Estados Unidos con Europa y la base de nuestra seguridad y estabilidad en un mundo todavía peligroso. El Secretario de Estado Colin Powell explicó mejor este punto en sus audiencias de confirmación cuando observó que “el valor de la OTAN se puede ver en el hecho de que 10 años después de la guerra fría las naciones todavía quieren ingresar en la alianza, no de dejarla”. La OTAN puede hacer frente a nuevas amenazas creando cooperación con los antiguos enemigos y asegurando la estabilidad en el sudeste de Europa, dando tiempo a que esta región se incorpore como parte de la corriente central europea. Las bases fundamentales de la OTAN – sus valores compartidos y su compromiso común de defender la libertad – siguen siendo sólidas. Los Estados Unidos y sus aliados de la Alianza tienen por delante, pero también la oportunidad histórica de lograr las metas de defender, integrar y estabilizar el área euroatlántica y continuar fortaleciendo esta que es la más grande de las alianzas. La meta de una Europa completa, libre y en paz se hace realidad rápidamente. Con ello, debemos asegurarnos de que la OTAN haga frente a los desafíos de hoy y de mañana con tanto éxito como lo ha hecho en el pasado.