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LA APARICIÓN EN LA ESCENA GEOESTRATEGICA Y GEOPOLÍTICA INTERNACIONAL DEL TELÓN DE ACERO

 

Aunque el sistema mundial venía definiéndose desde que a finales del siglo XIX se hundió el llamado concierto europeo, veremos que la Segunda Guerra Mundial, tendrá mucho que ver con las consecuencias que acarreará el inicio del enfrentamiento entre las dos grandes superpotencias surgidas de la guerra. Después de la guerra, comparten la hegemonía mundial Estados Unidos y la Unión Soviética, mientras que la noción de potencia secundaria, tan importante en el complejo equilibrio de preguerra, de diluye ante la fuerza de estos dos colosos. Ambos son capaces de destruir a cualquier enemigo e incapaces de mantener entre sí otras relaciones que las derivadas de un equilibrio agrio y difícil que necesitará de un concepto nuevo, la guerra fría, para expresar la situación internacional. En efecto, el ciclo de las dos guerras mundiales se deriva un hecho claro: sobre una Europa vencida y destruida, dos superpotencias se reparten el mundo del imperialismo, Europa y sus zonas de influencia. El vacío de poder que se producirá en el centro de Europa tiene un amplitud sin precedentes, no se trata solo de que los dos grandes superpotencias se repartan Europa, es que los Dos Grandes se han des europeizado: la base económica soviética se ha desplazado de Ucrania a los Urales y la base económica norteamericana, del Atlántico al Pacífico. Cuando las operaciones militares cesan en Europa, el continente ofrece un espectáculo desolador: las destrucciones materiales, los enormes desplazamientos de población, la sistemática matanza de millones de personas y la ruina moral e intelectual inherente a la guerra han provocado un completo caos. La Gran Alianza que había derrotado al Eje en una cruenta guerra de casi seis años se rompió en el corto plazo de unos meses. El desencuentro entre soviéticos y occidentales había aflorado ya en las últimas fases de la guerra. El fin del conflicto abrió el proceso hacia la ruptura definitiva. Stalin consideraba que las concesiones eran un síntoma de vulnerabilidad y que por tanto éstas no debían formar parte de su diplomacia cuando negociara con los EE.UU. El año 1946 fue escenario de una creciente desconfianza entre los vencedores. Por un lado, el fin de la guerra mundial había desencadenado en Grecia y China, sendas guerras civiles donde se enfrentaban pro-comunistas y pro-occidentales; por otro, la creciente tensión entre soviéticos y norteamericanos se reflejaba en las comunicaciones diplomáticas: ambas potencias se acusaban mutuamente de pretender dominar el mundo. Churchill, que había perdido las elecciones británicas en 1945, se sintió con libertad para proclamar lo que cada vez era más evidente. En un célebre discurso en Fulton[1], EEUU, denunció que un “Telón de Acero” estaba separando la Europa bajo control soviético del resto del continente. Mientras tanto, la tensión entre las autoridades de ocupación occidentales y soviéticas en Alemania era cada día más palpable.

1947 se inició con una flagrante violación de los acuerdos de Yalta en lo referido a Polonia. En enero, los candidatos comunistas vencieron en unas elecciones claramente adulteradas por las autoridades de ocupación.  El evidente afán soviético de extender el sistema comunista en Europa desencadenó la reacción norteamericana. Esta se articuló en el terreno político y en el económico. Stalin mostraba constantemente, con temeridad, un poderío inexistente. Todo ello combinado con mucha belicosidad e indiferencia fue convirtiendo a la URSS en un gigante con pies de barro, pero al que nadie se atrevía a tocar. Además, la URSS recibió un soplo de aliento desde las capas intelectuales bienintencionadas de los países occidentales que creían en el discurso de Stalin que el sistema de organización soviético era la mejor forma de estructurar la sociedad. El discurso de Stalin, a partir de 1946, giró para achacar los males y el origen de la guerra al capitalismo, desde entonces sería este el enemigo a vencer en todo el mundo. En el lado occidental ya se había empezado a tomar conciencia de la amenaza soviética y se mantenía la no provocación de intervención militar alguna en Europa. Sería Churchill, una vez más el profeta de Europa, abogando por una reconciliación con Alemania y una unión de las democracias europeas en un frente común contra el comunismo que, como sistema, empezaba a expandirse por la Europa central, a pesar de sus ciudadanos, y no tardaría mucho en extenderse al mundo. Las intenciones norteamericanas basadas en la Carta de las Naciones Unidas parecían no tener valor para Stalin. Parafraseando a Kissinger[2], Stalin, a pesar de su primer éxito, cometió un grave error al subestimar a las democracias, a EE.UU. principalmente, prueba de ello son el Plan Marshall, la OTAN y más tarde la Unión Europea. Las conversaciones de Marshall con Stalin en 1947 llegaron en un momento en que los EE.UU. desconfiaban completamente de las intenciones soviéticas y en el que Stalin había llegado demasiado lejos. También es necesario el poder analizar en el contexto de la aparición del Telón de Acero el análisis que realizó Winston Churchill el 5 de marzo de 1946, en el Westminster College, Fulton Missouri, EEUU.

Wiston Chuchill comienza su discurso agradeciendo la investidura de doctor ofrecida por el Westminster College, pero de inmediato procede a referirse a las tareas que deben asumir los norteamericanos y los británicos. La Gran Guerra ha terminado, pero la paz no se observa como un fruto fácil de conseguir, al contrario, las dificultades para conseguirla parecen ser múltiples y es ahí donde la unión de los pueblos de “habla inglesa” debe demostrar su compromiso y fortaleza

Estoy contento de haber venido al Westminister College esta tarde, y también de que me hagan el honor de concederme el doctorado… Hoy los Estados Unidos se encuentran en el pináculo de la torre del poder. Es un momento solemne para la Democracia americana. Porque esa primacía de poder está acompañada de una impresionante responsabilidad de futuro. Si miran a su alrededor, no sólo deberán tener el sentimiento del deber cumplido, sino que habrán de sentir el temor de no alcanzar todo lo que se han propuesto… es necesario que el espíritu constante, el propósito inmutable y la gran sencillez en las decisiones guíen y gobiernen en la paz como en la guerra, la conducta de los pueblos que hablan en inglés. En esta obligación debemos demostrar que somos iguales, y creo que lo vamos a hacer. Tengo una propuesta práctica y concreta que hacer. Se pueden nombrar tribunales y jueces, pero no pueden funcionar sin sheriff ni policías. La Organización de la Naciones Unidas debe empezar inmediatamente a proveerse de un ejército internacional… propongo que se invite a todas las potencias y a todos los Estados a que deleguen un número determinado de sus escuadrones aéreos para el servicio de la Organización mundial… se podría empezar a escala modesta, para que creciera a medida que lo hiciera la confianza. Querría haber visto que se hacía cuando terminó la Primera Guerra Mundial, y confío de todo corazón que se pueda hacer inmediatamente. No obstante, sería un error y una imprudencia confiar los conocimientos secretos o la experiencia de la bomba atómica, que hoy comparten los Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá, a la Organización Internacional mientras esta se encuentre en su infancia… Nadie de ningún país ha dormido peor en su cama porque estos conocimientos, esos métodos y las materias primas que hay que utilizar, en su mayoría se encuentren hoy en manos de los americanos. No creo que todos nosotros hubiéramos dormido con tanta placidez si la situación hubiese sido la opuesta o si algún estado comunista o neofascista hubiese monopolizado hasta hoy estos temibles recursos. Dios ha querido que no ocurra así y disponemos al menos de un tiempo para respirar y poner la casa en orden antes de enfrentarnos a este peligro; e incluso entonces, si no se ahorran esfuerzos seguiremos poseyendo una superioridad tan formidable que bastará para disuadir de forma efectiva de que los utilicen o amenacen con hacerlo y ahora hablaré del segundo peligro de estos maleantes que amenazan la finca, la casa y a la gente corriente; es decir, la tiranía. No podemos estar ciegos ante el hecho de que las libertades de que goza cada uno de los ciudadanos de todo el Imperio Británico no existen en número considerable de países, algunos de los cuales son grandes potencias. En estos Estados se controla a la gente corriente mediante diferentes tipos de gobiernos policiales que lo abarcan todo…Hoy, cuando las dificultades son tantas, no es obligación nuestra intervenir a la fuerza en los asuntos internos de los países que no hemos conquistado en la guerra. Pero nunca debemos dejar de proclamar sin miedo los grandes principios de la libertad y los derechos del hombre, que son la herencia común del mundo de habla inglesa que, a través de la Carta Magna, la Carta de Derechos, el Habeas Corpus, el juicio y el jurado, y el derecho Común Inglés, tienen su más famosa expresión en la Declaración de Independencia Americana. Todo esto significa que las personas de cualquier país tienen derecho, y deberían tener la capacidad reconocida por la Constitución de elegir o cambiar, mediante elecciones libres, sin restricciones y secretas el carácter o la forma de gobierno por el que se rijan; que debe imperar la libertada de expresión y de pensamiento; que los tribunales de justicia, independientes del poder ejecutivo y de cualquier partido apliquen las leyes que hayan recibido el consentimiento amplio de la mayoría o estén consagradas por el tiempo y la costumbre. Ello representa el título de propiedad de la libertad que debe existir en todos los hogares. Ahí está el mensaje que los pueblos americanos e inglés dirigen a la humanidad. No se podrá evitar la guerra de forma segura ni podrá progresar de forma continuada la Organización Mundial sin lo que he denominado la asociación fraterna de los pueblos de habla inglesa… la asociación fraterna no solo exige el desarrollo de la amistad y la comprensión mutua de nuestros dos sistemas de sociedad, muy amplios, pero similares, sino la continuidad de relación estrecha entre nuestros asesores militares, que conduzca al estudio común de los posibles peligros, la semejanza de las armas y los manuales de instrucción y al intercambio de oficiales y cadetes en los centros de formación. Una sombra se cierne sobre los escenarios que hasta hoy alumbraba la luz de la victoria de los aliados. Nadie sabe que pretende hacer la Rusia Soviética y su organización Comunista Internacional en el futuro inmediato, ni cuáles son los límites si existe alguno, a su tendencia expansiva y proselitista. Siento una gran admiración y tengo una gran estima al valeroso pueblo ruso y al que fue mi camarada en la guerra, el Mariscal Stalin. En Gran Bretaña (y no dudo que también en Estados Unidos) existe una profunda simpatía y buena voluntad hacia todos los pueblos de Rusia y una disposición a perseverar, a partir de las muchas diferencias y los muchos desaires, en el establecimiento de una amistad duradera. Comprendemos la necesidad que tiene Rusia de asegurar sus fronteras occidentales para alejar cualquier posibilidad de agresión por parte de los alemanes. Damos la bienvenida a Rusia al lugar que le corresponde entre las principales naciones del mundo. Damos la bienvenida a su bandera en los mares. Y sobre todo nos alegramos de los contactos constantes, frecuentes y cada vez más numerosos entre el pueblo ruso y nuestro propio pueblo de ambos lados del Atlántico. Sin embargo s mi obligación, porque estoy seguro que desean que les diga las cosas como las veo, exponerles algunos hechos sobre la posición actual de Europa. Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de hierro. Tras él se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y Oriental. Varsovia, Berlín, Praga, Viena, Budapest, Belgrado, Bucarest y Sofía, todas estas famosas ciudades y sus poblaciones y los países en torno a ellas se encuentran en lo que debo llamar la esfera soviética, y todos están sometidos, de una manera u otra, no sólo a la influencia soviética, sino a una altísima y, en muchos casos, creciente medida de control por parte de Moscú, muy fuertes, y en algunos casos, cada vez más estrictas. Únicamente Atenas es libre de elegir su futro en unas elecciones bajo la supervisión de Ingleses, americanos y franceses. El gobierno polaco, dominado por Rusia, ha sido empujado a hacer incursiones enormes e injustas en Alemania, y hoy se está produciendo la expulsión en masa de millones de alemanes a una escala inimaginable y de extrema gravedad. Los partidos Comunistas que eran muy reducidos en los Estados Orientales de Europa, han sido situados en lugares preeminentes, se les ha otorgado un poder muy superior a lo que representan y procuran hacerse con un control totalitario en todas partes. Los gobiernos policiales prevalecen en casi todos los casos y, de momento, salvo en Checoslovaquia no existe una auténtica democracia. La seguridad del mundo exige una nueva unidad de Europa, de la que ninguna nación esté excluida de forma permanente. Las guerras de las que hemos sido testigo o las que ocurrieron en tiempos anteriores, nacieron de las disputas entre pueblos a los que unen fuertes vínculos… dos veces Estados Unidos ha tenido que enviar a la guerra al otro lado del Atlántico a varios millones de sus jóvenes; y hoy la guerra puede sorprender a cualquier nación de cualquier lugar entre oriente y Occidente. No hay duda de que debemos trabajar en la pacificación de toda Europa, dentro de la estructura de Naciones Unidas y de acuerdo con su carta. …en un gran número de países, lejos de las fronteras rusas y por todo el mundo, se establecen quintas columnas comunistas que trabajan en perfecta Unión y total obediencia a las directrices que reciben del centro comunista. Pesé que tenía la obligación de mostrar la sombra que, tanto en oriente como en occidente, se cierne sobre el mundo. Era alto ministro en tiempos del Tratado de Versalles y amigo íntimo del Señor Lloyd George, que fue el jefe de la delegación Británica en Versalles. Yo no estaba de acuerdo en muchas cosas que se hicieron, pero tengo muy grabada en la mente aquella situación y me duele tenerla que cotejar con lo que ocurre hoy. En aquellos días se tenía mucha esperanza y una confianza sin límites en que las guerras se habían terminado y en que la Liga de Naciones sería todopoderosa. En el enfermizo mundo de hoy no veo ni siento la misma confianza, ni siquiera las mismas esperanzas. Por otro lado, rechazo la idea de que es inevitable una nueva guerra, y mucho más la de que sea inminente. Estoy seguro de que nuestros destinos siguen en nuestras manos… por eso me siento obligado a hablar ahora que tengo la oportunidad de hacerlo. No creo que la Rusia Soviética desee la guerra. Lo que quieren son los frutos de la guerra y la expansión indefinida de su poder y de sus doctrinas. Pero lo que debemos considerar hoy aquí mientras hay tiempo es la prevención permanente de la guerra y el establecimiento de las condiciones de liberad y democracias lo antes posible en todos los países… las dificultades y peligros no desaparecerán porque cerremos los ojos… Por ‘cuanto he visto de nuestros amigos los rusos durante la guerra, estoy convencido de que nada admiran más que la fuerza y nada respetan menos que la debilidad especialmente la debilidad militar. Por esta razón la vieja doctrina del equilibrio de poder es perjudicial. Si las naciones occidentales se mantienen juntas en el respeto estricto de la Carta de las Naciones Unidas, su influencia en el fomento de esos principios será inmensa (…) La última vez vi que se aproximaba todo esto y lo proclamé a mis paisanos y al mundo, pero nadie prestó atención. Hasta 1933 e incluso 1935 se hubiera podido salvar a Alemania del terrible destino en que ha caído y todos nos podríamos haber evitado todas las calamidades que Hitler permitió que cayeran sobre la Humanidad. Nunca en la historia hubo una guerra tan fácil de prevenir mediante una acción oportuna como la guerra que acaba de asolar grandes zonas del globo… pero nadie quiso escuchar, y el terrible torbellino nos engulló a uno después de otro. Es evidente que no debemos permitir que vuelva a ocurrir. Y esto sólo se puede conseguir si hoy en 1946, alcanzamos un buen acuerdo con Rusia en todas las cuestiones bajo la autoridad general de la Organización de las Naciones Unidas y con el mantenimiento de ese acuerdo a lo largo de muchos años de paz mediante este instrumento mundial apoyado por todas las fuerzas del mundo de habla inglesa y todos los países relacionados con él. Ahí está la solución que con todo respeto les propongo en esta Alocución a la que he dado el título de “Los Pilares de la Paz”.

Constitución del Bloque del Este

Durante la Guerra Fría, el Bloque del Este, también llamado bloque soviético, bloque comunista, bloque oriental, bloque socialista y campo socialista, fue el conjunto de países socialistas en Europa Central y del Este liderado por la Unión Soviética y enfrentado al Bloque Occidental, integrado principalmente por los Estados Unidos y Europa Occidental. Existió entre el final de la Segunda Guerra Mundial (1945) y el fin de la Guerra Fría con la disolución oficial del Pacto de Varsovia, aceptada por la Unión Soviética, en la reunión de Praga el 1 de julio de 1991. Finalmente la propia Unión Soviética dejó de existir como país el 25 de diciembre de 1991. Del llamado bloque socialista formaban parte los países del centro y este de Europa (por ello el nombre ‘Bloque del Este’), al este de la Cortina de Hierro (a excepción de Yugoslavia), vinculados económicamente por el Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON)[3] y militarmente por el Pacto de Varsovia.

Expansión de la Unión Soviética (1939-1940)

En 1939, la Unión Soviética entró en el Pacto Mólotov-Ribbentrop con la Alemania nazi que contenía el Protocolo adicional secreto que dividía Rumania, Polonia, Lituania, Estonia y Finlandia en esferas alemanas y soviéticas de influencia. El este de Polonia, Letonia, Estonia, Finlandia y Besarabia en el norte de Rumania fueron reconocidos como partes de la esfera de influencia soviética. Lituania se añadió en un protocolo secreto en segundo lugar en septiembre de 1939. La Unión Soviética había invadido el este de Polonia asignado por el Pacto Mólotov-Ribbentrop dos semanas después de la invasión alemana de Polonia occidental, seguida de la coordinación con las fuerzas alemanas en Polonia.​ Durante la ocupación del este de Polonia por la Unión Soviética, los soviéticos liquidaron el estado polaco y el encuentro germano-soviético dirigió la futura estructura de la “región polaca“.​ Las autoridades soviéticas inmediatamente comenzaron una campaña de sovietización de las áreas recién anexionadas por la Unión Soviética.​ Las autoridades soviéticas colectivizaron la agricultura y nacionalizaron y redistribuyeron la propiedad privada y la propiedad estatal polaca.

Las ocupaciones soviéticas iniciales de los países bálticos tuvieron lugar a mediados de junio de 1940, cuando las tropas soviéticas atacaron puestos fronterizos del NKVD en Lituania, Estonia y Letonia, seguido por la liquidación de las administraciones del Estado y su consiguiente sustitución por las soviéticas.​ Las elecciones para el parlamento y otras instituciones se llevaron a cabo con candidatos individuales listados y los resultados oficiales fueron alterados, pues se pretendía la aprobación de los candidatos pro-soviéticos por el 92,8 por ciento de los votantes en Estonia, el 97,6 por ciento en Letonia y 99,2 por ciento en Lituania.​ Las asambleas populares se instalaron de manera fraudulenta e inmediatamente pidieron la admisión a la Unión Soviética, la cual fue concedida por la misma, con las anexiones que resultaron en la República Socialista Soviética de Estonia, la República Socialista Soviética de Letonia y la República Socialista Soviética de Lituania.​ La comunidad internacional condenó la anexión inicial de los Estados bálticos y la consideró ilegal. En 1939, la Unión Soviética intentó sin éxito una invasión a Finlandia,​  después de que las partes hubieran firmado un tratado de paz provisional que concedía a la Unión Soviética la región oriental de Karelia (10 % del territorio finlandés) y la República Socialista Soviética Carelo-Finesa se estableció combinando los territorios cedidos por la República Autónoma Socialista Soviética de Carelia. Después de un ultimátum soviético en junio de 1940 exigiendo Besarabia, Bucovina y la región de Herța a Rumania,​  los soviéticos entraron en estas zonas, Rumania cedió a las demandas soviéticas y éstos ocuparon los territorios.

Frente Oriental y conferencias aliadas

En junio del año 1941, Alemania eliminó el pacto Mólotov-Ribbentrop con la invasión de la Unión Soviética. Desde el momento de la invasión de 1944, las zonas anexionadas por la Unión Soviética eran parte del Ostland de Alemania (a excepción de la República Socialista Soviética de Moldavia). A partir de entonces, la Unión Soviética comenzó a empujar las fuerzas alemanas hacia el oeste a través de una serie de batallas en el frente oriental. En las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, en la frontera soviético-finesa, las partes firmaron otro tratado de paz cediendo a la Unión Soviética en 1944, seguido por una anexión soviética de más o menos los mismos territorios del este de Finlandia como las del tratado de paz provisional como parte de la República Socialista Soviética Carelo-Finesa.

Entre 1943 y 1945, se produjeron varias conferencias relativas a la Europa de posguerra que, en parte, se dirigió a la anexión potencial soviética y el control de los países de Europa Central. La política soviética del primer ministro británico Winston Churchill respecto de Europa Central difería enormemente de la del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, mientras que el líder soviético Iósif Stalin se veía como un tirano en un sistema vil.

Cuando se advirtió la dominación potencial de una dictadura de Stalin sobre parte de Europa, Roosevelt respondió con una declaración que resume su razón de ser para las relaciones con Stalin: “Sólo tengo el presentimiento de que Stalin no es ese tipo de hombre… Yo creo que si le doy todo lo que sea posible y no pido nada a cambio, no tratará de anexionar nada y trabajará conmigo para un mundo de democracia y paz”.​ En una reunión con Stalin y Roosevelt durante la Conferencia de Teherán en 1943, Churchill declaró que Gran Bretaña estaba muy interesada en la restauración de Polonia como un país independiente.​ Gran Bretaña no insistió en el asunto por temor a que se convirtiera en una fuente de fricción entre los aliados. En febrero de 1945, en la Conferencia de Yalta, Stalin exigió una esfera soviética de influencia política en Europa Central.​ Stalin finalmente fue convencido por Churchill y Roosevelt de no desmembrar Alemania.​ Stalin declaró que la Unión Soviética mantendría el territorio de Polonia oriental que ya había tomado a través de la invasión de 1939, y quería un gobierno pro-soviético de Polonia en lo que quedaba de Polonia.​ Después de una resistencia por parte Churchill y Roosevelt, Stalin prometió una reorganización del actual gobierno pro-soviético sobre una base democrática más amplia en Polonia.​ Dijo que la principal tarea del nuevo gobierno sería la de preparar las elecciones.

Las partes en Yalta acordaron, además, que a los países de la Europa liberada y de los antiguos satélites del Eje se les permitiría “crear instituciones democráticas de su elección“, de acuerdo con “el derecho de todos los pueblos a elegir la forma de gobierno bajo la cual van a vivir“.​ Las partes también acordaron ayudar a los países para que formaran gobiernos provisionales “comprometidos con el establecimiento lo antes posible, a través de elecciones libres” y “facilitar, en su caso, la celebración de dichas elecciones“. A principios de julio-agosto de 1945 se celebró la Conferencia de Potsdam después de la rendición incondicional de Alemania, Stalin repitió las promesas anteriores a Churchill que él se abstendría de una “sovietización” de Europa Central.​ Además de las reparaciones, Stalin presionó para obtener un “botín de guerra“, que permitiría a la Unión Soviética a acudir directamente a la propiedad de las naciones conquistadas sin limitación cuantitativa o cualitativa.​ Se permitió una cláusula para que esto ocurriese con algunas limitaciones.​

Formación del Bloque del Este

Cuando el ministro de Asuntos Exteriores soviético Viacheslav Mólotov expresó su preocupación por la redacción del Acuerdo de Yalta que podría impedir los planes de Stalin en Europa Central, éste respondió: “No importa. Lo haremos a nuestra manera más tarde“.​ Después de que las fuerzas soviéticas permanecieron en los países del Este y Centro de Europa, con el comienzo de los regímenes títere comunistas instalados en esos países mediante elecciones manipuladas, Churchill se refirió a la región como si estuviese detrás de un “telón de acero” controlado por Moscú. Al principio, muchos países no comunistas condenaron el discurso como belicista, aunque muchos historiadores han revisado sus opiniones.​ Los miembros del Bloque del Este, además de la Unión Soviética, se refieren a veces como “estados satélites” de la Unión Soviética.

Proceso de control inicial

El problema inicial en los países ocupados por el Ejército Rojo en 1944-45 era cómo transformar el poder de ocupación en un control del desarrollo nacional.​ Debido a que los comunistas eran pequeñas minorías en todos los países, excepto Checoslovaquia, fueron instruidos inicialmente para formar coaliciones en sus respectivos países. Al final de la guerra, el ocultamiento de la función del Kremlin se consideraba crucial para neutralizar la resistencia y hacer que los regímenes apareciesen no solo autónomos, sino también semejantes a las “democracias burguesas“.​

La toma de posesión soviética del control desde el principio siguió un proceso general:

  1. Una coalición general de izquierda, de fuerzas antifascistas;
  2. Una “coalición” reorganizada en la que los comunistas tenían la sartén por el mango y neutralizaban a los de otros partidos que no estaban dispuestos a aceptar la supremacía comunista;
  3. Completa dominación comunista, ejercida con frecuencia en un nuevo partido formado por la fusión de comunistas y otros grupos izquierdistas.

Lo que a veces se pasa por alto en el contexto de cómo se formó el Bloque del Este, es el clima político de la época en cuanto a la orientación política de muchos de los que lucharon y murieron al resistir al fascismo a nivel local y regional, así como nacional. Un número bastante significativo de las agrupaciones ciudadanas conocidas colectivamente como ‘movimiento partisano[4]‘ antifascista hizo mucho por derrotar a las fuerzas fascistas durante la guerra. Eran políticamente comunistas, de orientación izquierdista o de otra manera radical en las opiniones políticas, como anarquistas que seguían en gran medida el espíritu político de las fuerzas republicanas fallidas que lucharon contra Franco durante la guerra civil española y las fuerzas anarquistas que brevemente establecieron una sociedad social-anarquista en Cataluña, entre otros precedentes similares. Los soviéticos, por tanto, estaban cerca de alcanzar ese grado de respeto y admiración que estos partidarios se habían ganado entre las poblaciones de aquellos países en el momento en que la guerra había terminado. Su unidad de insistir en “gobiernos amigos“, cuando la guerra se acercaba a su fin no sucedió en un vacío ideológico: los soviéticos, efectivamente, impusieron estos regímenes pro-soviéticos en Europa Central por lo que efectivamente terminó siendo un decreto unilateral, pero el papel de los partidarios en todos los frentes de la guerra, así como la estimación de 20.000.000 soldados soviéticos que murieron para derrotar al fascismo, no se puede descartar, ya que prestó una cierta apariencia de “licencia” por parte de la administración soviética para controlar Europa Central que, de otra manera, no habría tenido. Fue solo en la República Federal Socialista de Yugoslavia que antiguos guerrilleros entraron en el nuevo gobierno independiente de influencia soviética. Su mensaje público de mantener posiciones políticas independientes y su insistencia en no ser un régimen títere, llevó a la ruptura Tito-Stalin y hacia un “socialismo independiente“, que rápidamente hizo a Yugoslavia única en el contexto del conjunto de la política del Bloque del Este.

Reubicación de la propiedad

A finales de la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte de Europa del Este y la Unión Soviética, en particular, sufrió una gran destrucción.​ La Unión Soviética había sufrido 27 millones de fallecidos y la destrucción de la industria y la infraestructura, tanto por la Wehrmacht nazi y la propia Unión Soviética en una política de “tierra quemada” para evitar que caiga en manos de los nazis, a medida que estos avanzaban de 1000 a menos de 15 kilómetros de Moscú.​ A partir de entonces, la Unión Soviética trasladó físicamente y transportó las industrias y activos de Europa del Este a la Unión Soviética. Esto fue especialmente pronunciado en los países orientales europeos del Eje, como Rumanía y Hungría, donde fue considerado como una política de reparaciones punitivas (un principio aceptado por las potencias occidentales). En algunos casos, los oficiales del Ejército Rojo vieron ciudades, pueblos y granjas abiertas al saqueo. Otros estados del Bloque del Este estaban obligados a proporcionar carbón, equipos industriales, tecnología, material rodante y otros recursos para la reconstrucción de la Unión Soviética.​ Entre 1945 y 1953, los soviéticos recibieron una transferencia neta de recursos del resto del Bloque del Este bajo esta póliza o menos, comparable a la transferencia neta de los Estados Unidos a Europa occidental en el Plan Marshall

Alemania Oriental

La mayor parte de Alemania al este de la línea Oder-Neisse[5], que contenía la mayor parte de la tierra fértil de Alemania, fue trasladada a lo que quedaba de forma unilateral controlada por la Polonia controlada por los soviéticos. Al final de la Segunda Guerra Mundial, la oposición política se materializó inmediatamente después de que el personal del ejército soviético llevase a cabo saqueos sistemáticos y violaciones en su zona de la entonces dividida Alemania.​ Las estimaciones sobre el total de violaciones van desde decenas de miles hasta los dos millones. En una reunión de junio de 1945, Stalin dijo a los líderes comunistas alemanes en la zona de ocupación soviética de Alemania que esperaba minar lentamente la posición británica en la zona de ocupación británica, que Estados Unidos retiraría dentro de un año o dos y que nada se haría interponerse en el camino de una Alemania unida bajo control comunista dentro de la órbita soviética.​ Stalin y otros líderes dijeron a las delegaciones visitantes búlgaras y yugoslavas a principios de 1946 que Alemania debía ser a la vez soviética y comunista. Las fábricas, equipos, técnicos, gerentes y personal cualificado fueron trasladados por la fuerza a la Unión Soviética.​ En la no parte anexa restante de la Alemania del Este controlada por los soviéticos, al igual que en el resto de la Europa del Este controlada por los soviéticos, la principal tarea del partido comunista en el poder era canalizar las órdenes soviéticas tanto en el aparato administrativo como los demás partidos del bloque fingiendo que se trataba de iniciativas propias. En la dirección de Stalin, las autoridades soviéticas unificaron la fuerza del Partido Comunista de Alemania y el Partido Social Demócrata en el SED, asegurando que no tienen una orientación marxista-leninista y soviética.

El SED obtuvo su primera victoria electoral en las elecciones de la zona soviética en 1946, a pesar de que las autoridades soviéticas oprimieron a los opositores políticos y previnieron muchos partidos opositores que participaban, especialmente, en las zonas rurales.​ La propiedad y la industria fueron nacionalizadas bajo su gobierno.​ Si las declaraciones o decisiones se desviaban de la línea prescrita se castigaba con duras reprimendas e, incluso, para las personas fuera de la atención pública, con encarcelamiento, tortura o muerte. El adoctrinamiento del marxismo-leninismo se convirtió en una parte obligatoria de los programas escolares, enviando profesores y estudiantes que huían hacia el oeste.​ Los candidatos a cargos en el gobierno, los sistemas judiciales y la escuela tuvieron que pasar el escrutinio ideológico. Un aparato político elaborado por la policía mantenía a la población bajo estrecha vigilancia, incluida la policía secreta soviética SMERSH[6].​ Se estableció un estricto sistema de censura de acceso restringido a los medios impresos o las ondas de radio. Lo que quedaba de los partidos no-comunistas de la oposición al SED también se infiltraron para explotar sus relaciones con sus contrapartes “burgueses” en las zonas occidentales de apoyo la unidad soviética a lo largo de las líneas soviéticas, mientras que se creó un Partido “Democrático Nacional” (NDPD) para atraer a antiguos nazis y personal militar profesional, a fin de reunirlos detrás de la SED.​ A principios de 1948, durante la división Tito-Stalin, el SED se sometió a una transformación en un partido autoritario, dominado por los funcionarios subordinados a Moscú. Las decisiones importantes tuvieron que ser autorizadas por el aparato del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, o incluso por el propio Stalin. A principios de 1949, el SED fue coronado por un Politburó de estilo soviético que era efectivamente un pequeño círculo de auto-selección. La República Democrática Alemana fue declarada el 7 de octubre de 1949, cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores soviético concedió la autoridad administrativa del Estado de Alemania Oriental, pero no la autonomía, con un ejercicio soviético ilimitado de régimen de ocupación y penetración soviética de estructuras administrativa, militar y policía secreta.

Polonia

Después de la invasión soviética de la Polonia ocupada por Alemania en julio de 1944, el primer ministro del gobierno polaco en el exilio, Stanisław Mikołajczyk, voló a Moscú con Winston Churchill para posicionarse en contra de la anexión de la parte del Pacto Mólotov-Ribbentrop del este de Polonia por la Unión Soviética.​ Polonia fue la primera prueba real de la política soviética del presidente estadounidense Roosevelt de “dar” a Stalin una supuesta noblesse oblige, mientras que Roosevelt dijo a Mikołajczyk antes de la visita: “No te preocupes. Stalin no tiene la intención de tomar su [de Mikołajczyk] libertad” y, tras asegurarse el apoyo de los Estados Unidos, concluyó que se aseguraría que el pueblo polaco no saliese herido de la guerra.

Mikołajczyk ofreció una parte más pequeña de terreno, pero Stalin se negó, diciéndole que iba a permitir que el gobierno en el exilio participase en el Comité Polaco de Liberación Nacional[7] (PKWN y más tarde “Comité de Lublin”),​ que consistía en comunistas y partidos satélites creados en virtud del control directo por el plenipotenciario coronel general soviético Nikolai Bulganin[8].​ Se llegó a un acuerdo en la Conferencia de Yalta que permitía la anexión de la mayor parte de la porción del Pacto Mólotov-Ribbentrop de Polonia oriental, mientras que garantizaba a Polonia parte de Alemania del Este a cambio.​ A partir de entonces, la República Socialista Soviética de Ucrania y la República Socialista Soviética de Bielorrusia se ampliaron para incluir el este de Polonia. La Unión Soviética compensó lo que quedaba de Polonia cediéndole la parte oriental de Alemania a la línea Oder-Neisse, que contenía gran parte de la tierra fértil de Alemania. Se llegó a un acuerdo en Yalta que el Gobierno Provisional de los soviéticos compuesto por miembros del PKWN sería reorganizado “sobre una amplia base democrática“, incluyendo el gobierno en el exilio, y que la tarea principal del gobierno reorganizado sería la de preparar las elecciones. Fingiendo que era un organismo autóctono que representaba a la sociedad polaca, el PKWN tomó el papel de una autoridad gubernamental y desafió al gobierno polaco en el exilio de antes de la Segunda Guerra Mundial.​ Comenzaron a surgir dudas sobre si se producirían las “elecciones libres y sin trabas” prometidas en la Conferencia de Yalta.​ Los no comunistas y partisanos, incluyendo aquellos que lucharon contra los nazis, fueron perseguidos sistemáticamente. Las esperanzas de un nuevo comienzo libre se desvanecieron inmediatamente cuando la PKWN afirmó que tenían derecho a elegir a quien quisieran participar en el gobierno y la NKVD soviética arrestó a dieciséis líderes del Estado clandestino que habían querido participar en las negociaciones sobre la reorganización en marzo de 1945, que los llevó a juicio a la Unión Soviética en junio.​ Mientras que los líderes clandestinos fueron condenados a largas penas de prisión, las garantías de que los presos políticos serían liberados y que se marchasen las fuerzas soviéticas no fueron acompañadas por garantías concretas o planes de implementación.​ Personalidades del gobierno polaco en el exilio, como Stanisław Mikołajczyk, regresaron a una recepción popular y fueron capaces de atraer a varios partidos a su causa, socavando efectivamente la política del Bloque.

Stalin ordenó que el Partido Campesino (PSL) de Mikołajczyk debía aceptar solo una cuarta parte de los escaños parlamentarios o aparecerían represiones y aislamiento político.​ Los comunistas polacos, dirigidos por Władysław Gomułka y Bolesław Bierut, eran conscientes de la falta de apoyo a su lado, sobre todo tras el fracaso de un referéndum para las políticas conocidas como “3 veces sí” (3 razy TAK; 3xTAK), donde menos de una tercera parte de la población de Polonia votó a favor de los cambios propuestos que incluía la reforma agraria masivas comunista y nacionalizaciones en la industria.

Cuando el Partido del Pueblo (PPP) de Mikołajczyk continuó resistiendo la presión de renunciar su parte fuera del bloque comunista, fue expuesto a un terrorismo abierto, incluyendo la descalificación de candidatos del PPP en una cuarta parte de los distritos y la detención de más de 100 000 activistas del PPP, seguido de fraude electoral que dio lugar a que los comunistas de Gomułka ganasen la mayoría en una encuesta cuidadosamente controlada. Mikołajczyk perdió la esperanza y abandonó el país.​ Sus seguidores fueron sometidos a una ilimitada y despiadada persecución.​ Tras el referéndum falsificado, en octubre de 1946, el nuevo gobierno nacionalizó todas las empresas que empleaban a más de 50 personas y todos los bancos a excepción de dos.​ La oposición pública había sido básicamente aplastada en 1946, pero la actividad clandestina todavía existía. Las elecciones polacas fraudulentas celebradas en enero de 1947 dieron lugar a la transformación oficial de Polonia en un estado comunista no democrático en 1949, la República Popular de Polonia. Los miembros de la resistencia comunista continuaron la batalla en las tierras anexionadas a Ucrania del este de Polonia, pero la respuesta soviética fue letal e incluyó el arresto de alrededor de 600 000 personas entre 1944 y 1952, con cerca de un tercio ejecutado y el resto encarcelados o exiliados.

Hungría

Después de ocupar Hungría, los soviéticos impusieron duras condiciones que le permitían aprovechar importantes bienes materiales y controlar los asuntos internos del país.​ Después de que el Ejército Rojo estableciera los órganos policiales para perseguir a los enemigos de clase, los soviéticos suponían que la población húngara empobrecida apoyaría a los comunistas en las próximas elecciones. Los comunistas fueron derrotados al recibir solo el 17 % de los votos, lo que resultó en un gobierno de coalición del primer ministro Zoltán Tildy[9]. La intervención soviética, sin embargo, dio lugar a un gobierno que no tuvo en cuenta a Tildy, colocó comunistas en los ministerios importantes e impuso medidas restrictivas y represivas, incluyendo la prohibición del Partido Independiente Cívico de Pequeños Propietarios y Trabajadores Agrarios.​ El Partido Comunista luchó repetidamente pequeñas concesiones de los opositores, en un proceso llamado «táctica del salami»[10].​ Luchando contra la mayoría política inicial de posguerra en Hungría dispuesta a establecer una democracia, el líder comunista Mátyás Rákosi[11] inventó el término, que describió su táctica de cortar a los enemigos como piezas de salami. En 1945, el mariscal soviético Kliment Voroshílov[12] obligó al gobierno húngaro libremente elegido a entregar el Ministerio del Interior a un candidato del Partido Comunista Húngaro. El ministro del Interior comunista László Rajk estableció la policía secreta ÁVH[13], que suprimió la oposición política a través de la intimidación, las falsas acusaciones, el encarcelamiento y la tortura.

A principios de 1947, los soviéticos presionaron a Rákosi a tomar una “línea de lucha de clases más pronunciada“.​ La República Popular de Hungría se formó a partir de entonces. En el apogeo de su gobierno, Rákosi desarrolló un fuerte culto a la personalidad.​ Apodado el “asesino calvo“, Rákosi imitó programas políticos y económicos estalinistas, lo que resultó que Hungría experimentase una de las dictaduras más duras de Europa. Se describió a sí mismo como “el mejor discípulo húngaro de Stalin“​y “el mejor alumno de Stalin“. La represión fue más dura en Hungría que en los otros países satélites en los años 1940 y 1950 debido a la vehemente resistencia del pueblo húngaro. Las sistemáticas colectivizaciones en Hungría se produjeron a partir de la década de 1940 hasta la década de 1960. Aproximadamente una década después de estricto control del Estado tras la invasión soviética por la revolución húngara de 1956 (incluida la ejecución del líder Imre Nagy[14]), János Kádár[15] presentó el comunismo de gulash que condujo a una era menos represiva.

Bulgaria

El 5 de septiembre de 1944, la Unión Soviética declaró la guerra a Bulgaria con la excusa de que debían impedir que Bulgaria asistiese a Alemania y permitir que la Wehrmacht utilizase el territorio búlgaro.​ El 8 de septiembre de 1944, el Ejército Rojo cruzó la frontera y creó las condiciones para el golpe de estado la noche siguiente.​ El gobierno se hizo cargo del “Frente de la Patria“, donde los comunistas jugaron un papel destacado y siguió un armisticio.​ El comandante militar soviético en Sofía asumió la autoridad suprema, mientras que los comunistas y sus aliados en el Frente de la Patria que él instruyó, incluyendo Kimon Georgiev[16], tomaron el control total de la política interna. Inmediatamente se inició un movimiento guerrillero de resistencia armada conocido como Movimiento Goryani tras la ocupación soviética en 1944 y se prolongó hasta finales de 1950. Fue conocido por ser la primera y más larga resistencia armada anticomunista en el Bloque del Este. El movimiento finalmente se calmó después de la represión de la revolución de 1956 en Budapest, que llevó a la conclusión de que no habría ayuda de las potencias occidentales.

El 8 de septiembre de 1946, fue organizado un plebiscito nacional en el que un 96 % de los votos (con una participación del 91 % de la población) abolía la monarquía e instauraba una república. En octubre de 1946 tuvieron lugar las elecciones, la persecución contra los partidos de la oposición, el encarcelamiento de miembros del anterior gobierno, la prohibición publicación de periódicos y el sometimiento a seguidores de la oposición a frecuentes ataques de los grupos armados comunistas.​ A partir de entonces, se formó la República Popular de Bulgaria y Georgi Dimitrov se convirtió en el primer líder de la recién creada república. El 6 de junio de 1947, el líder parlamentario Nikola Petkov, un crítico del régimen comunista,​ fue detenido en el edificio del Parlamento, llevado a juicio, declarado culpable de espionaje, condenado a muerte y ahorcado el 23 de septiembre de 1947.​ La policía secreta búlgara organizó la publicación de una falsa confesión de Petkov, que fue tan evidente que se convirtió en una vergüenza y las autoridades dejaron de mencionarlo. Posteriormente quedaron prohibidos todos los partidos de oposición, mientras que los miembros no comunistas del Frente de la Patria (con la excepción del BZNS) o bien se disolvieron o se unieron al Partido Comunista.

Checoslovaquia

En 1943, el líder checoslovaco en el exilio Edvard Beneš[17] accedió a las demandas de Stalin de acuerdo incondicional con la política exterior soviética, incluyendo la expulsión de más de un millón de alemanes de los Sudetes identificados como “gente rica” y de etnia húngara, dirigida por los decretos de Beneš.​ El líder checoslovaco prometió a Stalin una “estrecha colaboración de la posguerra” en los asuntos militares y económicos, incluida la confiscación y nacionalización de la gran propiedad terrateniente, las fábricas, las minas, acerías y los bancos bajo un “vía nacional al socialismo” checoslovaco. Mientras Beneš no había sido puesto por Moscú y varias reformas nacionales de los demás países del bloque del Este no eran parte del plan de Beneš, Stalin no se opuso debido a que el plan incluía la expropiación de la propiedad y estaba satisfecho con la fuerza relativa de los comunistas en Checoslovaquia en comparación con otros países del Este.

Beneš viajó a Moscú en marzo de 1945.​ Después de responder a una serie de preguntas por parte de la NKVD soviética, Beneš satisfizo a Moscú con sus planes para deportar a dos millones de alemanes de los Sudetes y de 400 000 a 600.000 húngaros, así como construir un ejército fuerte en estrecha coordinación con el Ejército Rojo.​ En abril de 1945 se formó la Tercera República, una coalición del Frente Nacional gobernado por tres partidos socialistas. Debido a la fuerza del Partido Comunista (que tenían 114 de 300 escaños) y la lealtad de Beneš —a diferencia de otros países del Este— el Kremlin no necesitó de la política de bloques o cuadros “de confianza” en las posiciones de poder de Checoslovaquia, y los poderes ejecutivo y legislativo mantuvieron sus estructuras tradicionales​

Sin embargo, la Unión Soviética estaba, al principio, decepcionada de que el Partido Comunista no se aprovechase de su posición después de haber recibido la mayoría de votos en las elecciones de 1946. Mientras que habían privado a la administración tradicional de las principales funciones de la transferencia de los gobiernos locales y regionales de los comités de reciente creación en la que dominaron ampliamente, no lograron eliminar la influencia “burguesa” en el ejército o la expropiación de los industriales y los grandes terratenientes. La existencia de una estructura política algo independiente y la ausencia inicial de Checoslovaquia de los estereotipados sistemas políticos y socioeconómicos del Bloque del Este comenzó a ser visto como un problema por las autoridades soviéticas.​ Si bien los partidos de fuera del Frente Nacional fueron excluidos por el gobierno, aún estaban autorizados a existir.​ A diferencia de los países ocupados por el Ejército Rojo, no había autoridades de ocupación soviéticas en Checoslovaquia a quien los comunistas podían confiar para hacer valer el papel de liderazgo.

Las esperanzas en Moscú fueron disminuyendo por la victoria comunista en las próximas elecciones de 1948.​ En mayo de 1947 un informe del Kremlin concluyó que se habían fortalecido algunos “elementos reaccionarios” que alababan la democracia occidental.​ Después de una breve consideración de Checoslovaquia sobre si tomar parte del Plan Marshall, y la posterior reprimenda de los partidos comunistas de la Kominform en Szklarska Poręba en septiembre de 1947, Rudolf Slánský[18] regresó a Praga con un plan para la toma final del poder, incluida la eliminación de la StB de los enemigos del partido y la purga de disidentes.​

A principios de febrero de 1948, el ministro de Interior Comunista Václav Nosek extendió ilegalmente su poder tratando de purgar a los restantes elementos no comunistas del Cuerpo Nacional de Policía.​ El embajador soviético Valerian Zorin llegó a Praga para organizar el golpe de Estado checoslovaco, seguido de la ocupación de los ministerios de ministros no comunistas, mientras que el ejército estaba confinado en sus cuarteles.​ Los “Comités de Acción” comunistas y las milicias sindicales se establecieron rápidamente, armados, dispuestos a llevar a cabo una purga de los anticomunistas, con Zorin[19] comprometiendo los servicios del Ejército Rojo. El 25 de febrero de 1948, Beneš, temeroso de una guerra civil y de la intervención soviética, capituló y se nombró un gobierno dominado por el Partido Comunista de Checoslovaquia (KSC) bajo el liderazgo del estalinista Klement Gottwald[20], quien juró su cargo dos días más tarde, marcando el comienzo de una dictadura.​ El único no comunista que ocupó un cargo importante, Jan Masaryk[21], fue encontrado muerto dos semanas después.​ La brutalidad pública del golpe de Estado respaldado por los soviéticos sorprendió a las potencias occidentales más que cualquier otro caso anterior, ya que provocó una gran inquietud a que se produjera una guerra y barrió los últimos vestigios de oposición al Plan Marshall del presidente Truman en el Congreso de los Estados Unidos

Rumania

A medida que el Ejército Rojo luchaba contra la Wehrmacht y las fuerzas rumanas en agosto de 1944, el agente soviético Emil Bodnăraș organizó una coalición clandestina para dar un golpe de Estado que pusiera a los comunistas —que entonces estaban divididos en dos grupos— en el poder. Sin embargo, el rey Miguel I[22] ya había organizado un golpe de estado, en el que también participó Bodnăraș, poniendo a Miguel en el poder.​ Tras las invasiones soviéticas después de dos años de Rumania luchando con el Eje, en la Conferencia de Yalta de febrero de 1945 y la Conferencia de Potsdam julio de 1945, los aliados occidentales acordaron la absorción soviética de la zona. Miguel aceptó los términos del armisticio de los soviéticos, que incluyó la ocupación militar, junto con la anexión del norte de Rumania. La anexión de Besarabia en 1940 y la parte del norte de Bucovina para crear la importante región agrícola de la República Socialista Soviética de Moldavia —mientras otros territorios rumanos se convirtieron en el óblast de Chernivtsi y el óblast de Izmail de la República Socialista Soviética de Ucrania— se convirtió en un punto de tensión entre Rumania y la Unión Soviética, sobre todo después de 1965.​ La Conferencia de Yalta también había concedido a la Unión Soviética un interés predominante en lo que quedaba del país, que coincidió con la ocupación soviética de Rumania.

Los soviéticos organizaron el Frente Democrático Nacional, compuesto por varios partidos del Frente de Labradores, e iba adquiriendo tintes cada vez más comunistas. En febrero de 1945, los defensores soviéticos provocaron una crisis al aprovechar el apoyo de la potencia de ocupación soviética y reforzar el control de forma ilimitada. En marzo de 1945, el asistente de Stalin, Andre Vyshinskii, viajó a Bucarest e instaló un gobierno que incluyó solo a los miembros subordinados al Frente Nacional.

Esto incluyó al miembro del Frente de Labradores Dr. Petru Groza[23], quien se convirtió en primer ministro. Groza instaló un gobierno que incluía muchos partidos, aunque los comunistas contaban con los ministerios clave. El potencial de la resistencia del ejército fue neutralizado por la eliminación de los principales líderes y la inclusión de dos divisiones con prisioneros de guerra ideológicamente formados. Bodnăraș fue nombrado Secretario General e inició la reorganización de la policía general y la policía secreta.​ Pese a las objeciones de los aliados occidentales, los partidos tradicionales fueron excluidos del gobierno y sometidos a una intensa persecución.​ La persecución política de líderes locales y el estricto control de la radio y la prensa fue diseñada para preparar una eventual dictadura comunista ilimitada, incluyendo la liquidación de la oposición.​ Cuando el rey Miguel trató de forzar la dimisión de Groza al negarse a firmar cualquier tipo de legislación (“la huelga real“), éste las promulgó sin la firma del monarca. En las elecciones generales de noviembre de 1946 que los soviéticos habían prometido a los aliados occidentales, el Partido Comunista Rumano (PCR) fue derrotado y las estimaciones de la embajada de Estados Unidos reflejaban que el bloque solo había recibido el 8 % de los votos frente al 70 % de sus rivales del Partido Campesino.​ Los comunistas, sorprendidos, pidieron consejo a Moscú y se les dijo que simplemente falsificasen los resultados.​ Cuarenta y ocho horas más tarde, se anunció que el bloque del PCR había recibido el 70 % de los votos, lo que desencadenó la indignación de los países occidentales. A principios de 1947, Bodnăraș informó que los líderes rumanos Gheorghe Gheorghiu-Dej[24] e Ion Gheorghe Maurer[25] estaban tratando de impulsar la economía rumana mediante el desarrollo de las relaciones con Gran Bretaña y Estados Unidos y se quejaba de las tropas de ocupación soviéticas.​ A partir de entonces, el PCR eliminó el papel de los partidos de centro, incluyendo un juicio de los dirigentes del Partido Nacional Campesino, y obligó a las otras partes a fusionarse con el PCR.​ Para 1948, la mayoría de los políticos no comunistas fueron o bien ejecutados, en el exilio o en la cárcel. Los comunistas declararon la República Popular de Rumania en 1948. Tras la muerte de Gheorghiu-Dej en 1965, Nicolae Ceauşescu[26] se convirtió en secretario general del Partido Comunista Rumano. Él cambió el nombre del país a República Socialista de Rumania y gobernó uno de los estados más brutales del Bloque del Este durante casi 25 años.

Albania

En diciembre de 1945 se celebraron elecciones para la Asamblea Popular de Albania pero las únicas opciones de voto era el Frente Democrático comunista, dirigido por Enver Hoxha[27].​ Su sucesor, el Frente de Liberación Nacional, tomó el control de la policía, el sistema judicial y la economía, al tiempo que eliminaba varios cientos de opositores políticos a través de una serie de juicios llevados a cabo por jueces sin formación jurídica.​ En 1946 se declaró la República Popular de Albania y, a partir de entonces, rompió relaciones con los Estados Unidos y se negó a participar en el Plan Marshall de 1947. Las estrechas relaciones de Albania con Yugoslavia duraron solo hasta ruptura de ésta con la Unión Soviética en 1948.​ Albania fue miembro fundador del Pacto de Varsovia y dependía en gran medida de la ayuda soviética.​ Debido a la adhesión dogmática estalinista de Hoxha, Albania rompió con la Unión Soviética en 1960 y abandonó formalmente el Pacto de Varsovia en 1968, después de la desestalinización soviética.​ Albania comenzó a establecer contactos más estrechos con la República Popular China de Mao Zedong.​ Tras la muerte de Mao, Albania también rompió relaciones con China en 1978.

Yugoslavia

Yugoslavia solo se alineó con la Unión Soviética durante los tres años de posguerra (1945-1948), ya que su líder, Josip Broz Tito, rompió con los soviéticos en la conocida como división Tito-Stalin[28] de 1948. Posteriormente, el país estuvo bajo amenaza de invasión del Pacto de Varsovia y el Ejército Popular Yugoslavo planificó defensas contra ataques tanto del Bloque del Este como de occidente. A lo largo del período de la Guerra Fría, el país dirigió un curso independiente, fundando el Movimiento de Países No Alineados, en colaboración con Egipto y la India. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Yugoslavia fue considerada un poder vencedor y no tenía fuerza de ocupación ni comisión de control alguna.​ El comunismo era considerado una alternativa popular a occidente, en parte debido a la popularidad de los partisanos yugoslavos durante la Segunda Guerra Mundial y la oposición al líder chetnik Draža Mihailović —anteriormente monárquico— y el rey Pedro.

Partisanos yugoslavos, tras la liberación de Mostar (marzo de 1945).

Se formó un gabinete para la nueva República Federal Socialista de Yugoslavia, con veinticinco de los veintiocho miembros ex comunistas partisanos yugoslavos dirigidos por Josip Broz Tito.​ La Liga de los Comunistas de Yugoslavia formó la coalición del Frente Nacional de Yugoslavia, pero miembros de la oposición boicotearon la primera elección, ya que presentaba una sola lista de gobierno que podría ser aceptada o rechazada, sin oponentes.​ Se instauró la censura, la negación de las asignaciones para las publicaciones y la intimidación abierta a grupos de oposición.​ Tres semanas después de las elecciones, el Frente declaró que se formó una nueva República, con una nueva Constitución, puesta en marcha dos meses después, en enero de 1946, para iniciar la República Popular Federativa de Yugoslavia. Los comunistas continuaron una campaña contra los enemigos, incluyendo la detención Mihailović, su polémico juicio y posterior ejecución, seguido por varios otros arrestos y juicios de miembros opositores.​ A partir de entonces, siguió una fase pro-soviética hasta la ruptura Tito-Stalin de 1948 y la posterior formación del Movimiento de Países No Alineados.

 

[1] El 5 de marzo de 1946 Winston Churchill pronunció en el Westminster College de Fulton (Missouri) uno de sus discursos más famosos. Churchill tuvo que asumir, no sin amargura, la derrota, pero siguió siendo un protagonista de la política británica e internacional.

[2] Henry Alfred Kissinger,​  nacido Heinz Alfred Kissinger (Fürth, 27 de mayo de 1923), es un político estadounidense de origen alemán que tuvo una gran influencia sobre la política internacional, no solo de Estados Unidos con respecto a los demás países sino también sobre otras naciones. Ejerció como secretario de Estado durante los mandatos de Richard Nixon y Gerald Ford, desempeñando este papel preponderante en la política exterior de Estados Unidos entre 1969 y 1977 y fue consejero de Seguridad Nacional durante todo el mandato inicial del primero.

[3] El Consejo de Ayuda Mutua Económica fue una organización de cooperación económica formada en torno a la URSS por diversos países Comunistas cuyos objetivos eran el fomento de las relaciones comerciales entre los estados miembros, en un intento de contrarrestar a los organismos económicos internacionales de economía capitalista, así como presentar una alternativa al denominado Plan Marshall desarrollado por los Estados Unidos para la reorganización de la economía europea tras la Segunda Guerra Mundial, y equivalente también a la Comunidad Económica Europea, aunque en un ámbito geográfico mayor. El equivalente militar del COMECON era el Pacto de Varsovia, aunque la variedad de los miembros del COMECON era significativamente más amplia, ya que abarcaba no solo al Este de Europa, sino también a otros países como Finlandia en Europa septentrional, México, Cuba y Nicaragua en América Latina, Angola, Mozambique y Etiopía en África, Yemen del Sur, Irak, Afganistán, Mongolia, Laos y Vietnam en Asia

[4] Los partisanos de Yugoslavia fueron el principal movimiento de resistencia enrolado en la lucha contra las Potencias del Eje en los Balcanes durante la Segunda Guerra Mundial. El nombre oficial completo del movimiento fue Ejército Popular de Liberación y Destacamentos Partisanos de Yugoslavia.​ Su comandante en jefe fue Josip Broz Tito

[5] La Línea Óder-Neisse marca en la actualidad la frontera entre Polonia y Alemania. Fue definida el 2 de agosto de 1945, cuando la Unión Soviética transfirió el extremo oriental de los antiguos territorios alemanes a la República Popular de Polonia, fundada en julio de 1944. Ello se hizo en uso de la soberanía soviética sobre Alemania Oriental en aquel momento, que siguió a la derrota de Alemania en la II Guerra Mundial. Significó la pérdida de grandes territorios históricamente alemanes, y se hizo para compensar a Polonia por la ocupación soviética del este del país en 1939, que se consagró como definitiva por la comunidad internacional por un acuerdo firmado el 16 de agosto de 1945.

[6] SMERSH (es la abreviación de SMERt SHpiónam, o “Muerte a los Espías“) fue el nombre de departamentos de contrainteligencia en la Unión Soviética formada durante la Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial), para proteger primeramente al Ejército Rojo y, secundariamente, para arrestar a los “traidores, desertores, espías y elementos criminales“.

[7] El gobierno de Lublin, llamado oficialmente Comité Polaco de Liberación Nacional, fue un órgano político creado por comunistas polacos y apadrinados por la Unión Soviética en el verano de 1944. Tomó su nombre de la ciudad polaca de Lublin, tomada por los soviéticos a los alemanes el 23 de julio de 1944 y que se convirtió en la sede del gobierno.​ Su composición, reconocimiento y futuro fue causa de disputas entre los Aliados. Tras ciertas modificaciones fue finalmente reconocido por las potencias vencedoras como gobierno legítimo del país.

[8] Nikolái Aleksándrovich Bulganin; fue un militar y político soviético.

[9] Zoltán Tildy (Lučenec, 18 de noviembre 1889-Budapest, 3 de agosto 1961) fue un político húngaro que sirvió como último primer ministro del Reino de Hungría en 1945 y 1946, y después como primer presidente de la República de Hungría entre 1946 y 1948.

[10] La táctica salami, conocida también como “estrategia de rebanado de salami“, es una estrategia política mediante la cual un grupo es debilitado mediante la segmentación de sus componentes, ya sea mediante amenazas o alianzas. De esta forma, la oposición es eliminada “rebanada por rebanada“, hasta darse cuenta de que ha sido desmantelada por completo. También puede incluir la creación de facciones al interior de un grupo opositor, en el que las pugnas entre dichas facciones son las que terminan disolviendo al grupo, sin que el grupo que usó la táctica salami sea visto como culpable. Aunque inicialmente una estrategia política, se usa también en otros ámbitos, aunque con la misma connotación negativa.

[11] Mátyás Rákosi (Ada, 14 de marzo de 1892 – Gorky, 5 de febrero de 1971) fue un comunista húngaro, líder de este país entre 1945 y 1956 como Secretario General del Partido Comunista Húngaro y del Partido de los Trabajadores Húngaros.

[12] El mariscal Kliment Efrémovich Voroshílov fue un destacado militar y político soviético.

[13] La Államvédelmi Hatóság o ÁVH (húngaro: Autoridad de Protección del Estado) fue la policía secreta de Hungría de 1945 a 1956. Fue concebida como un apéndice de los servicios secretos de la Unión Soviética, pero consiguió una reputación de brutalidad entre los húngaros, en especial por una serie de purgas que comenzó en 1948, se intensificó en 1949 y duró hasta 1953. Fue una de las policías secretas más crueles del bloque del Este. Tras la muerte de Iósif Stalin en 1953 y el nombramiento de Imre Nagy (un reformista moderado) como Primer Ministro de Hungría, la ÁVH fue gradualmente refrenada hasta ser, finalmente, disuelta en 1956 después de la insurrección de Budapest.

[14] Imre Nagy 7 de junio de 1896 – 16 de junio de 1958) fue un político húngaro, que ejerció el cargo de primer ministro durante el periodo comunista.

[15] János Kádár, (Fiume; 26 de mayo de 1912 – Budapest; 6 de julio de 1989) fue un político húngaro, primer ministro de su país en dos ocasiones, una entre 1956 y 1958, y otra entre 1961 y 1965. Con todo, continuó siendo el presidente del Partido Socialista Obrero Húngaro hasta su muerte, en 1989. El periodo e ideología política asociado con él es conocido como “kádárismo“.

[16] Kimon Georgiev Stoyanov; Pazardzhik, 11 de agosto de 1882-Sofía, 28 de septiembre de 1969) fue un destacado militar y político búlgaro del siglo XX. Participó en tres golpes de estado en Bulgaria entre 1923 y 1944, y fue por dos veces Primer ministro de Bulgaria, en los períodos 1934-35 y 1944-46. ​ Fue uno de los máximos dirigentes de la formación político-militar de extrema derecha Zveno, a pesar de lo cual perteneció al gobierno de la Bulgaria socialista desde 1944 hasta 1962.

[17] Edvard Beneš (Kožlany, 28 de mayo de 1884-Sezimovo Ústí, 3 de septiembre de 1948) fue el segundo presidente checoslovaco entre los años 1935 y 1948, período interrumpido por la ocupación alemana entre 1938 y 1945, durante la que permaneció en el exilio.

[18] Rudolf Slánský (31 de julio de 1901 – 3 de diciembre de 1952) fue un destacado político comunista checo de origen judío. Ocupando el cargo de secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia después de la Segunda Guerra Mundial, fue uno de los principales creadores y organizadores del gobierno comunista en Checoslovaquia. Después de la ruptura entre Josip Broz Tito de Yugoslavia y el líder soviético Iósif Stalin, este último instigó una ola de purgas de los respectivos dirigentes del Partido Comunista, para evitar una mayor división entre la Unión Soviética y sus países satélites de Europa Central y Oriental.

[19] Valerián Aleksándrovich Zorin fue un diplomático soviético recordado por su confrontación con Adlai Stevenson el 25 de octubre de 1962, durante la crisis de los misiles en Cuba.

[20] Klement Gottwald (Dědice, Vyškov, Moravia, Austria-Hungría, 23 de noviembre de 1896 – Praga, Checoslovaquia, 14 de marzo de 1953) fue un político comunista checoslovaco, que a lo largo de su carrera ocupó los cargos Secretario General y líder del Partido Comunista de Checoslovaquia (1929-1953), Primer Ministro (1946-1948) y Presidente de la República (1948-1953)

[21] Jan Garrigue Masaryk (14 de septiembre de 1886 – 10 de marzo de 1948) fue un diplomático y político checoeslovaco, conocido por haber sido Ministro de Relaciones Exteriores de Checoslovaquia en el gobierno checoslovaco en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial y una preeminente figura pública en la posguerra. Su muerte en la defenestración de Praga abrió el camino para el control del país por el Partido Comunista de Checoslovaquia.

[22] Miguel I de Rumania; 25 de octubre de 1921-Aubonne, Suiza; 5 de diciembre de 2017), príncipe de Hohenzollern, fue rey de los rumanos del 20 de julio de 1927 al 8 de junio de 1930, y otra vez del 6 de septiembre de 1940 hasta el 30 de diciembre de 1947, cuando fue depuesto; vivió en el exilio hasta 1997, cuando fue autorizado a volver a su país. No obstante, continuó residiendo en Versoix (Suiza).

[23] Petru Groza (7 de diciembre de 1884 – 7 de enero de 1958), político rumano, conocido principalmente por ser el primer ministro de un gobierno dominado por el Partido Comunista Rumano tras la Segunda Guerra Mundial, bajo la ocupación soviética. Seglar notable de la Iglesia ortodoxa de Rumania, Groza se convirtió en una figura conocida al final de la Primera Guerra Mundial como miembro destacado del Partido Nacional Rumano (PNR) y miembro del Directorio Transilvano que tomó el poder en la provincia tras la derrota austrohúngara. En 1933, fundó una organización agraria de izquierdas, el Frente de Labradores (Frontul Plugarilor).​ Las ideas de izquierda de Groza le hicieron ganarse el apodo del «burgués rojo».

[24] Gheorghe Gheorghiu-Dej Bârlad, 8 de noviembre de 1901 – Bucarest, 19 de marzo de 1965) fue un político comunista y dirigente rumano. Ejerció de secretario general del Partido Comunista Rumano desde 1944 hasta su muerte; primer ministro de Rumanía desde 1952 hasta 1955 y presidente de la República de 1961 a 1965. En su juventud destacó por su militancia sindical, por la que fue encarcelado varios años hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Durante su mandato mantuvo distancias con la Unión Soviética en políticas económicas e internacionales, dotando al estado de una cierta independencia que se acentuó con la salida de las últimas tropas soviéticas en 1958.​ Su sustituto al frente de la secretaría general fue Nicolae Ceaușescu.

[25] Ion Gheorghe Iosif Maurer (Bucarest, 23 de septiembre de 1902 – Ibidem, 8 de febrero de 2000) fue un abogado y político comunista rumano, quién llegó a ser Presidente de Rumania (1958-1961) y posteriormente Primer ministro (1961-1974).

[26] Nicolae Ceaușescu Scornicești, Reino de Rumania; 26 de enero de 1918-Târgoviște, Rumania; 25 de diciembre de 1989) fue un político comunista rumano, presidente de Rumania y presidente del Consejo de Estado de Rumania. Dictador de la República Socialista de Rumania desde 1967 hasta su ejecución en 1989 y fue secretario general del Partido Comunista Rumano en el periodo 1965-1989. Su gobierno estuvo marcado en la primera década por una apertura hacia Europa Occidental y Estados Unidos, manteniendo una política externa de relativa independencia respecto a la Unión Soviética. Continuó una tendencia previamente establecida por su predecesor, Gheorghe Gheorghiu-Dej, quien había logrado persuadir a la URSS de que retirase sus tropas en 1958, y criticó la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968. Sin embargo, durante la segunda década del gobierno de Ceaușescu el régimen se volvió cada vez más brutal y represivo. Instauró un riguroso culto a su personalidad, un exacerbado nacionalismo y un total deterioro de las relaciones internacionales con el bloque occidental, China e Israel, a semejanza de la Unión Soviética.

[27] Enver Halil Hoxha Gjirokastra, 16 de octubre de 1908 – Tirana, 11 de abril de 1985) fue un jefe de Estado y dictador comunista albanés, dirigente de la República Popular de Albania desde 1944 hasta su muerte en 1985. Desempeñó las funciones de secretario general del Partido del Trabajo de Albania (PPSH) entre 1941 y 1985, así como el cargo de primer ministro de Albania entre 1944 y 1955. Completó la educación secundaria en el Liceo Nacional de Albania (Korçë) y más tarde obtuvo una beca para estudiar en la Universidad de Montpellier. Si bien de joven ya mostraba interés por la política, su experiencia francesa le llevaría a militar en organizaciones comunistas. En 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Albania (posteriormente, Partido del Trabajo) y combatiría con los partisanos albaneses que liberarían Albania en 1944, primero de los invasores italianos y después del ejército alemán. A través del «Consejo Antifascista de Liberación Nacional» que presidía, el nuevo gobierno albanés derogaría el régimen monárquico de Zog I para establecer la República Popular de Albania.

[28] La ruptura entre Tito y Stalin fue un conflicto político-ideológico que tuvo lugar entre quienes fuesen los líderes máximos de Yugoslavia y la Unión Soviética, Josip Tito Broz y Iósif Stalin respectivamente, la cual terminó con la expulsión en 1948 de Yugoslavia de la “Oficina de Información Comunista” (más conocida como Kominform). Inicialmente parecía que el enfrentamiento se debía a la «deslealtad ideológica» de Yugoslavia hacia la Unión Soviética en particular y hacia el socialismo marxista en general, o tendría origen en el orgullo nacionalista de Tito que le impedía someterse sin crítica a la voluntad de Stalin. Pese a ello la mayor parte de la evidencia posterior sugeriría que la ruptura estaba más bien basada en el temor de la URSS a los planes de Tito para unificar Yugoslavia con la Macedonia Griega y con Bulgaria, formando una extensa “Eslavia del Sur” (lo cual es precisamente la traducción literal de la palabra “Yugoslavia” en serbocroata), creando así un Estado eslavo bajo el liderazgo de Tito pero fuera del control de Stalin.

David Odalric de Caixal i Mata: Historiador Militar, experto en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG (Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Nacional). Director del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY). Asesor en Seguridad y Defensa en HERTA SECURITY. Director de OSI INTELLIGENCE (Occidental Studies Institute-USA) Membership research projects in support of Veterans of the Armed Forces of the United Kindom. Membership in support of the AUSA (Association of the United States Army) Miembro asesor de la Sección de Derecho Militar y Seguridad del ICAM (Ilustre Colegio de Abogados de Madrid). Membership in support of the Friends of the Israel Defense Forces.