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DE LA TEORÍA DE LA CONTENCIÓN; EN EL CONTEXTO DE LA CRISIS DE IRÁN, LA GUERRA CIVIL EN GRECIA Y LA PARTICIPACIÓN NORTEAMERICANA EN LA GUERRA DE COREA (1947-1953)

En este caso, sin embargo Washington no perseguiría la meta de extender la democracia ni la de proteger la soberanía nacional. En vez de ello, desarrolló una nueva definición, curiosamente limitada, del objetivo internacional de Estados Unidos. Se trataba simplemente de evitar la extensión del comunismo. Más que libertad o democracia o autonomía, o cualquier otra consigna del pasado “contención” se convirtió en el santo y seña de la política exterior norteamericana. Este nuevo objetivo apareció relativamente despacio. La última fase de la guerra de Europa vio roces entre Estados Unidos y la URSS a propósito de Rumania, Yugoslavia, Bulgaria, Austria y especialmente Polonia. Rossevelt y Stalin se pusieron de acuerdo en Yalta para la formación de un Gobierno polaco de coalición entre comunistas y no comunistas. Surgió la controversia acerca de si los no comunistas debían constituir más que un simulacro de representación. Dado que el punto de vista principal de los norteamericanos era que debía prepararse la pronta celebración de elecciones libres, Washington parecía defender tanto la democracia como la independencia. Mientras tanto, aparecieron nuevas disputas acerca de los esfuerzos del gobierno comunista yugoslavo, apoyado por el soviético, del mariscal Tito por apoderarse del territorio en torno de Trieste, donde la población era principalmente italiana. El Presidente Truman autorizó a las fuerzas norteamericanas y británicas a combatir si los guerrilleros de Tito invadían el territorio.

Hacia 1947, los consejeros del presidente estadounidense Harry S. Truman le urgieron a tomar acciones para contrarrestar la creciente influencia de la Unión Soviética, citando los esfuerzos de Stalin para desestabilizar los Estados Unidos y azuzar las rivalidades entre los países capitalistas con el fin de provocar una nueva guerra. En Asia, el ejército comunista chino había ocupado Manchuria durante el último mes de la II Guerra Mundial, y se preparaba para invadir la península coreana más allá del paralelo 38. Finalmente, el ejército comunista de Mao Zedong, aunque fue poco receptivo a la escasa ayuda soviética, consiguió derrotar al pro-occidental ejército nacionalista chino (Kuomintang), apoyado por Estados Unidos.   Desde finales de la década de los ’40, la Unión Soviética consiguió instaurar gobiernos marioneta en Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumanía y Alemania Oriental, lo que le permitió mantener una fuerte presencia militar en estos países. En febrero de 1947, el gobierno británico anunció que no podía seguir financiando al régimen militar griego contra los insurgentes comunistas en el contexto de la Guerra Civil Griega[1]. El gobierno estadounidense puso en práctica por primera vez la Teoría de la Contención, que tenía como objetivo frenar la expansión comunista, especialmente en Europa. Truman enmarcó esta teoría dentro de la Doctrina Truman, dada a conocer a través de un discurso del presidente en el que se definía el conflicto entre capitalistas y comunistas como una lucha entre “pueblos libres” y “regímenes totalitarios“. Aunque los comunistas griegos fueron apoyados principalmente por el dirigente comunista yugoslavo Josip Broz Tito, los Estados Unidos acusaron a los soviéticos de tratar de derrocar al régimen griego para expandir la influencia soviética.  En Estados Unidos se extendió la idea de que el equilibrio de poder en Europa no se alcanzaría sólo por la defensa militar del territorio, sino que también se necesitaba atajar los problemas políticos y económicos para evitar la caída de Europa Occidental en manos comunistas. A raíz de estas ideas, en junio del 47, la Doctrina Truman sería complementada con la creación del Plan Marshall, un plan de ayudas económicas destinado a la reconstrucción de los sistemas político-económicos de los países europeos y, mediante el afianzamiento de las estructuras económicas capitalistas y el desarrollo de las democracias parlamentarias, frenar el posible acceso al poder de partidos comunistas en las democracias occidentales europeas (como en Francia o Italia).

Stalin vio en el Plan Marshall una táctica estadounidense para mermar el control soviético sobre Europa Oriental. Creyó que la integración económica de ambos bloques permitiría a los países bajo órbita soviética escapar del control de Moscú, y que el Plan no era más que una manera que tenían los EE.UU para “comprar” a los países europeos. Por lo tanto, Stalin prohibió a los países de la Europa Oriental participar en el Plan Marshall[2]. A modo de remiendo, Moscú creó una serie de subsidios y canales de comercio conocidos primero como el Plan Molotov, que poco después se desarrollaría dentro del COMECON. Stalin también se mostró muy crítico con el Plan Marshall porque temía que dichas ayudas provocaran un rearme de Alemania, que fue una de sus mayores preocupaciones respecto al futuro de Alemania tras la guerra. En 1948, y como represaría por los esfuerzos de los occidentales por reconstruir la economía alemana, Stalin cerró las vías terrestres de acceso a Berlín Oeste, imposibilitando la llegada de materiales y otros suministros a la ciudad. Este hecho, conocido como el Bloqueo de Berlín, precipitó una de las mayores crisis de principios de la Guerra Fría. Ambos bandos usaron este bloqueo con fines propagandísticos: los soviéticos para denunciar el supuesto rearme a Alemania favorecido por Estados Unidos, y los estadounidenses para explotar su imagen de benefactores, —como en la llamada Operación Little Vittles[3], donde los aviones que contrarrestaban el bloqueo de Berlín lanzaron dulces entre los niños berlineses—El puente aéreo organizado por los aliados, destinado a proveer de suministros al bloqueado sector occidental de la ciudad, superó todas las previsiones, desbaratando los presupuestos soviéticos de una rendición del sector occidental ante el oriental por falta de suministros. Finalmente el bloqueo se levantó pacíficamente.

OPERACIÓN LITLLE VITTLES

Cerca del final de la Segunda Guerra Mundial, el así llamado Protocolo de Londres (firmado por EEUU, Gran Bretaña y la URSS) estableció una división en las zonas de ocupación de Berlín y sus alrededores, un territorio total de 880 Km cuadrados. Ese protocolo establecía que el territorio de Berlín sería ocupado en forma conjunta por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, Gran Bretaña y la URSS. Se ponía en claro que esa ocupación se realizaba “para dirigir conjuntamente la administración del territorio del Gran Berlín”, y en 1945 habría de añadirse un nuevo protocolo aclarando que Francia participaría con igualdad de derechos en la “administración conjunta” de dicho territorio. Así, el llamado Gran Berlín quedó dividido en dos sectores: el occidental –ocupado por norteamericanos, británicos y franceses– con 480 kilómetros cuadrados de extensión y 2.200.000 habitantes, y el soviético, con 400 kilómetros cuadrados y 1.100.000 habitantes. Estos dos sectores no sólo no tuvieron administración conjunta, sino que acabaron dramáticamente separados por el infamante Muro de Berlín de 1961.

Bajo la ocupación de las cuatro potencias, Alemania evolucionó hacia dos Estados incompatibles, a imagen y semejanza de sus ocupantes: al oeste de la línea Oder-Neisse, la República Federal Alemana, pro occidental; al este, la República Democrática Alemana, pro soviética. Esta creación de dos Alemanias separadas, que nació como una medida temporal, resultó ser un legado perdurable de la Guerra Fría. Esa “cooperación” de las cuatro potencias en Alemania se rompió en 1948, cuando los soviéticos dispusieron unilateralmente un bloqueo a Berlín en reacción a una decisión que las tres potencias occidentales habían tomado en marzo: unir sus tres zonas propias de ocupación alemana en una única entidad económica. Temiendo la aparición de una Alemania Occidental fuerte y bajo influencia estadounidense, los soviéticos intentaron aislar a la ciudad de ese mundo “no comunista”. El 1º de julio anularon de manera unilateral también la administración compartida de Berlín y exigieron plena jurisdicción sobre la ciudad. Su intención final era “obligar” a los Aliados a retirarse de Berlín, transformándose así la URSS en “administrador exclusivo” de Alemania.

Los Aliados estaban decididos a no doblegarse bajo tamaña presión de los soviéticos (“si hacemos eso, el comunismo se extenderá rápidamente”), así que EEUU envió a Gran Bretaña aviones equipados con bombas atómicas. La URSS entendió el mensaje y decidió llegar “hasta ahí”; no redobló la apuesta, y así el problema quedó limitado a una disputa diplomática por Berlín. Eso sí: los soviéticos que ocupaban Alemania Oriental dejaron claro que la URSS no permitiría elecciones libres en Alemania, y mantuvieron el bloqueo sobre las comunicaciones terrestres y fluviales entre Berlín y Occidente.

Las potencias occidentales respondieron entonces estableciendo un “puente aéreo” entre Occidente y Berlín Occidental, y el mismo fue inaugurado el 26 de junio. De acuerdo a los términos de la división de Alemania, los aviones cargueros no serían considerados “aviones de guerra” aunque fueran piloteados por militares. El puente aéreo parecía demasiado ambicioso: un avión cada tres minutos durante las 24 horas del día. Sin embargo, lo hicieron. Durante 318 días, Gran Bretaña y EEUU realizaron más de 150.000 vuelos, y transportaron un millón y medio de toneladas de suministros a la ciudad. Esto fue denominado “Operación Vittles” (víveres), y los C-47 Skytrain americanos y sus hermanos británicos (que llamaban Dakotas), ambos derivados del DC-3, fueron los aviones que iniciaron la tarea. Pronto la capacidad de los mismos resultó insuficiente y se requirieron aviones más grandes y que pudieran aterrizar en los aeropuertos de Berlín Occidental: los Douglas C-54 Skymaster. Durante todo el verano, más de dos millones de berlineses dependieron del puente aéreo para abastecerse de comida, combustible, remedios y otros artículos, y hacia el invierno hubo racionamiento de alimentos y cortes de electricidad.

Así las cosas, ocurrió que el coronel norteamericano Gail Seymour Halvorsen[4], luego de completar un vuelo de su C-54[5] al aeropuerto de Templehof, se acercó a saludar a un grupo de chicos que observaba las operaciones en el final de la pista. Algunos de los niños, que hablaban inglés, le preguntaron por los aviones y los vuelos. Halvorsen tenía en el bolsillo dos tiras de chicle Wrigley Doublemint, y se las dio. Los chicos partieron los chicles en minúsculos pedazos y los compartieron entre todos los que pudieron. A los que no les tocó, se contentaron con oler el papel. Halvorsen se conmovió por la actitud de los niños, les prometió volver con más caramelos y les dijo que se los arrojaría desde el avión en vuelo. Los niños le preguntaron cómo iban a saber qué avión era el suyo, y Halvorsen les contestó que sacudiría las alas de su avión cuando estuviera sobre ellos. Halvorsen cumplió su promesa, juntó barras de chocolate y en su siguiente vuelo las lanzó sobre los chicos, atadas a un paracaídas hecho con un pañuelo. En los días posteriores, ya había más paracaídas con golosinas cayendo sobre cada vez más chicos, y se hizo costumbre.

Empezaron cartas de agradecimiento para el “Tío Chocolate”, el “Tío Wiggly Wings” (el que sacude las alas) y el “Flying Chocolate”. Al tiempo, un diario escribió una nota y esta llegó a las noticias en Estados Unidos. El general William Tunner, comandante de la operación, llamó a Halvorsen: le comentó que aprobaba lo que había hecho (aunque el jefe directo de Halvorsen no lo hacía) y daba inicio a la Operación Little Vittles. Poco tiempo después se convertiría en un esfuerzo conjunto y un elemento de propaganda inmenso, con fabricantes de golosinas donando toneladas de caramelos y dulces, y Halvorsen fue considerado un héroe de posguerra. Además del exitoso puente aéreo, Occidente respondió al bloqueo soviético embargando las exportaciones de Alemania Oriental y del bloque del este. Que el Berlín “bloqueado” no se rindiera a causa del hambre significó una victoria para Occidente; y finalmente, en primavera, afectados por dicho embargo, los soviéticos cedieron y levantaron el bloqueo sobre Berlín el 12 de mayo de 1949. Ese mismo mes, en la RFA, Konrad Adenauer fue elegido canciller y desarrolló una economía social de mercado. En la RDA los soviéticos convocaron a unas “elecciones dirigidas” y fue elegido el Congreso del Pueblo, dominado por los comunistas, y en octubre de 1949 Wilhelm Pieck[6] se transformó en primer ministro del “primer Estado de obreros y campesinos en territorio alemán”. Sin embargo, el poder real estaba en manos de Walter Ulbritch[7], secretario del Partido Comunista, que controlaba el aparato estatal. La historia de las dos Alemanias tomaba caminos opuestos, y el Muro de Berlín sería, años más adelante, el doloroso símbolo de esas diferencias. En julio, el presidente Truman anula el Plan Morgenthau[8], una serie de proposiciones acordadas con los soviéticos tras el fin de la guerra, que imponía severas condiciones a la reconstrucción alemana (entre ellas, la prohibición explícita de que los Estados Unidos facilitaran ayudas a la reconstrucción del sistema económico alemán). Este plan fue sustituido por una nueva directiva (llamada JSC 1779) mucho más benévola con la reconstrucción alemana, y que enfatizaba la necesidad de crear una Alemania económicamente fuerte y estable para conseguir la prosperidad en toda Europa.

Esto acabaría pareciendo un apoyo vigoroso a la independencia. Durante varios meses después tras el fin de la guerra europea, Estados Unidos parecía tenazmente comprometido con la defensa de aquellos principios en la Europa del Este. Washington no reconoció a Polonia hasta junio de 1945, cuando Stalin accedió a ampliar el gabinete polaco y reitero la promesa de unas futuras elecciones libres. En protesta contra la exclusión de los no comunistas de los altos cargos del gobierno, la Casa Blanca continuó negando el reconocimiento a los regímenes rumano y búlgaro instalados y apoyados por los soviéticos. En las conferencias de ministros extranjeros y otras reuniones, los representantes norteamericanos se quejaban con insistencia de que no se daba oportunidad a la democracia de forma adecuada en la Europa del Este. Los no comunistas continuaban siendo sistemáticamente excluidos del poder. Estados Unidos se lanzó a una abierta discusión con la Unión Soviéticas a propósito de Irán en 1946, donde permanecían las tropas soviéticas a pesar de las promesas de una pronta retirada y donde agentes rusos parecían estar fomentando un movimiento separatista comunista. Las relaciones entre los Estados Unidos y la URSS se volvieron cada vez más tensas. Pero las cuestiones que los separaban parecían al principio provenir del compromiso norteamericano con la democracia y la independencia, no de una hostilidad hacia la Unión Soviética como Estado ni hacia el comunismo como ideología.

Además cualquier apariencia de que Washington consideraba al Gobierno soviético o a su ideología como una fuerza hostil, quedaba al menos parcialmente desmentida por dos hechos:

  1. Los funcionarios americanos estaban elaborando el llamado Plan Baruch, según el cual la URSS y Estados Unidos se asociarían en una agencia internacional para supervisar toda la información. La producción y el control de las armas nucleares.
  2. El General Marshall, como representante personal del Presidente Truman, realizaría un intenso esfuerzo de mediación entre los chinos nacionalistas y los chinos comunistas con vistas a un gobierno de coalición.

Alianzas militares en Europa (1949-1989)

Gradualmente, sin embargo, la política de Washington adopto una clara orientación antisoviética y anticomunista. En marzo de 1946, el Presidente Truman mostró su aprobación cuando el ex-primer ministro británico Winston Churchill aludió a un “telón de acero” en la Europa Oriental. En otoño, despidió a su secretario de comercio, Henry Wallace, porque manifestó en público su opinión de que el Departamento de Estado demostraba una excesiva desconfianza con respecto a la URSS. Casi en el mismo momento, el secretario de Estado James Byrnes, declaraba en Stuttgart que las potencias orientales tenían que adoptar una nueva política con respecto a la Alemania ocupada. Independientemente de los soviéticos, debían tomar medidas para restaurar la economía alemana, con la esperanza de contribuir a la recuperación de toda la Europa Occidental. A fines de 1946, las prolongadas negociaciones del Consejo de Ministros extranjeros pareció que lograban al fin algún progreso. Estados Unidos, la URSS y los demás aliados de la guerra acordaron tratados de paz con Italia, Bulgaria, Rumania, Hungría y Finlandia. Al principio de la primavera del año siguiente, sin embargo, el Presidente Truman se presentó ante el Congreso para proclamar la “Doctrina Truman[9] y pedir fondos para ayudar económica y militarmente a Grecia y Turquía a “mantener sus instituciones y su integridad nacional, contra movimientos agresivos que pretenden beneficiarse de sus regímenes totalitarios” Hasta entonces EEUU habían evitado un compromiso abierto con los asuntos griegos o turcos. En 1944, fuerzas británicas habían desembarcado en Grecia. Habían ayudado al Rey y a la oligarquía militar a instalarse en el poder. Entonces el tesoro británico proporcionó armas y dinero para sostener este régimen en una guerra civil contra los guerrilleros comunistas apoyados y asistidos por Bulgaria y Yugoslavia. Los comunistas griegos fueron ultimando desde finales de 1945 los preparativos para un levantamiento general, que finalmente tuvo lugar en mayo de 1946 desde las regiones montañosas de Macedonia y de Epiro. La efectividad de la guerrilla y su extensión al Peloponeso pusieron en evidencia la fragilidad del Ejército real y su total dependencia del apoyo de Gran Bretaña y Estados Unidos. Bajo la dirección de Markos Vafiadis[10], las fuerzas comunistas establecieron un gobierno revolucionario en la ciudad de Kónitsa, en la región de Epiro. La nueva perspectiva del conflicto, desde las coordenadas de la incipiente Guerra fría, convirtió a Grecia en una pieza clave en el equilibrio del Mediterráneo oriental y de los Balcanes. Gran Bretaña, tradicional defensora de la monarquía griega, intensificó sus contactos y sus demandas hacia Estados Unidos con la esperanza de que ese país asumiera el relevo de la ayuda británica. Un informe elaborado por una misión estadounidense enviada en enero de 1947 confirmó la gravedad de la situación y la creciente presión soviética para mejorar su influencia geopolítica, especialmente en el área de los estrechos del Bósforo y de los Dardanelos. Finalmente, Grecia se convirtió en uno de los primeros escenarios en los que se desplegó la llamada Doctrina Truman (la inicial política exterior del presidente estadounidense Harry S. Truman), mediante el envío de ayuda financiera, armamento y consejeros militares. Los combates se prolongaron a lo largo de 1948 y sólo la masiva ayuda económica y militar de Estados Unidos y las primeras fisuras en el bloque soviético, en concreto la ruptura entre el dirigente yugoslavo Tito y Stalin, que tendría inmediatas consecuencias en la unidad interna de los comunistas griegos y sus apoyos logísticos, despejaron el camino al triunfo monárquico. En 1949, la ofensiva del Ejército real en Macedonia y luego en Epiro condujo al final de las hostilidades en octubre de ese año. Tras la victoria de las tropas del rey Pablo I, que en 1947 había sucedido a su hermano Jorge II, Grecia se alineó definitivamente con Estados Unidos e ingresó poco después en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Durante el transcurso del conflicto griego, en las reuniones internacionales, los representantes soviéticos habían respondido a las quejas occidentales acerca de Polonia, Rumania y Bulgaria señalando las actividades británicas en Grecia.

Mientras tanto, Moscú hacía presión sobre Ankara para la devolución de las zonas fronterizas anexionadas por Turquía durante la Guerra Civil rusa de 1918-1920[11], y para que los turcos aceptaran el control soviético sobre el Mar Negro y los estrechos. Estados Unidos presto ayuda verbal a Turquía, aludiendo al principio de autonomía nacional, pero dejaron para los británicos el suministro de material. Con la Doctrina Truman y la aprobación del proyecto de ley de ayuda a Grecia y Turquía, Estados Unidos asumiría el papel de los británicos en el conflicto griego y turco. Así empezaron a proporcionar una asistencia a gran escala a dos estados que los funcionarios norteamericanos no podían calificar de democracias sin rumbo.  En la crisis de Irán de 1946, también conocida como la Crisis de Irán y Azerbaiyán, siguió al final de la Segunda Guerra Mundial y se derivó de la negativa de la Unión Soviética a ceder territorio iraní ocupado durante la guerra, a pesar de las reiteradas garantías ofrecidas durante la ocupación. En 1941 Irán había sido invadido y ocupado por las potencias aliadas del ejército rojo soviético en el norte y por los británicos en el centro y sur de manera conjunta. Irán fue utilizado por los estadounidenses y los británicos como una ruta de transporte para proporcionar suministros vitales a los esfuerzos de guerra en la Unión Soviética. En agosto de 1941, los Estados Unidos era una nación neutral y no había entrado como beligerante en la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, el bloque conocido como ‘Los Aliados fueron principalmente (con Polonia y Francia ocupada por Alemania en 1939 y 1940, respectivamente), el Reino Unido y la Unión Soviética, de reciente formación de la alianza después de la invasión alemana de los territorios de la Unión Soviética occidental en junio de 1941”. A raíz de la ocupación de Irán, las fuerzas aliadas acordaron retirarse de Irán dentro de los seis meses después del cese de las hostilidades. Sin embargo, cuando este plazo llegó a principios de 1946, los soviéticos, bajo Joseph Stalin, permanecieron en Irán y los iraníes pro-soviéticas locales proclamaron la separatista República Popular de Azerbaiyán. A finales de 1945, además de la República Popular de Azerbaiyán, la República de Mahabad también llegó a existir. Pronto, la alianza de los kurdos y las fuerzas armadas de Azerbaiyán, apoyados y formados por la Unión Soviética, se desencadenó en una batalla con las fuerzas iraníes, lo que resultó en un total de 2.000 víctimas. Negociación por el primer ministro iraní Ahmad Qavam y la presión diplomática sobre los soviéticos por los Estados Unidos finalmente llevó a la retirada soviética. La crisis es vista como uno de los primeros conflictos en la creciente guerra fría para el momento.

En junio de 1950, los norcoreanos iniciaron una invasión militar, Truman envió inmediatamente fuerzas norteamericanas. Después de algunos contratiempos iniciales los americanos y los surcoreanos resistieron a los del norte. La guerra fue el resultado de la división de Corea por un acuerdo de los victoriosos Aliados de la Segunda Guerra Mundial tras la conclusión de la Guerra del Pacífico al final de la Segunda Guerra Mundial. La península de Corea había permanecido ocupada por Japón desde 1910 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, pero tras la rendición el 15 de agosto de 1945 incondicional del Imperio del Japón, los estadounidenses dividieron la península por el Paralelo 38, el norte del cual quedó ocupado por tropas soviéticas y el sur por tropas estadounidenses. El fracaso de la celebración de elecciones libres en toda la península en 1948 acentuó la división entre ambas partes, y el norte estableció un gobierno comunista. El paralelo se convirtió todavía más en una frontera política entre ambas Coreas. Aunque las negociaciones para la reunificación continuaron en los meses anteriores a la guerra, la tensión se intensificó con escaramuzas transfronterizas e incursiones en el Paralelo 38. La escalada de tensión degeneró en una guerra abierta cuando Corea del Norte invadió Corea del Sur el 25 de junio de 1950, en lo que suponía el primer conflicto armado serio de la Guerra Fría. La Organización de las Naciones Unidas, y particularmente Estados Unidos, acudieron en ayuda de Corea del Sur para repeler la invasión. A pesar de ello, en sólo dos meses los defensores fueron empujados al Perímetro Pusan, un área pequeña en el extremo sur de la península, antes de que los norcoreanos fueran detenidos. Una rápida contraofensiva de las Naciones Unidas devolvió a los norcoreanos más allá del Paralelo 38, casi hasta el río Yalu, y entonces entró en el conflicto la República Popular China del lado del Norte. Los chinos lanzaron una ofensiva que forzó a las Naciones Unidas a volver al otro lado del Paralelo 38, para lo que Unión Soviética ayudó con material militar a los ejércitos chino y norcoreano.

En 1953 la guerra cesó con un armisticio que restauró la frontera entre las Coreas cerca del Paralelo 38 y creó la Zona desmilitarizada de Corea, una franja de 4 km de anchura entre ambos países. Diversos rebrotes de lucha se siguen produciendo hasta la actualidad. Con las dos Coreas auspiciadas por potencias extranjeras, la guerra de Corea fue una guerra subsidiaria. Desde el punto de vista de la ciencia militar, combinó estrategias y tácticas de la Primera y la Segunda guerras mundiales: comenzó con una campaña móvil de rápidos ataques de infantería seguidos por incursiones de bombardeos aéreos, pero se convirtió en una guerra estática de trincheras desde julio de 1951. Después de dos años de lucha igualada, las dos partes acordaron un armisticio y de hecho la restauración del status quo anterior al conflicto. Mientras la lucha duraba en Corea, Estados Unidos llevaron a cabo una revitalización militar a larga escala, que poco tenía que ver con el conflicto de Corea. El programa de ayuda económica a Europa fue ampliamente transformado en un programa de ayuda militar. Divisiones y escuadrones aéreos y navales de Estados Unidos se trasladaron a Europa como elementos de una fuerza de la OTAN, todos ellos al mando de un jefe supremo norteamericano. Se hicieron planes para volver a armar a la Alemania Occidental e incorporarla a la OTAN. En otras partes del mundo también llegó ayuda económica y militar y, en algunos casos, pequeños contingentes de tropas estadounidenses. Y la principal justificación de estos gastos y los despliegues de fuerzas era la necesidad de evitar cualquier expansión del poder soviético, tanto físicamente en forma de conquista por parte del Ejército Rojo, como ideológicamente mediante la toma de un gobierno por parte de un Partido Comunista controlado por los soviéticos.

[1] La guerra civil griega transcurrió entre 1946 y 1950, y fue el primer caso de una insurrección comunista tras la Segunda Guerra Mundial, por lo que se puede considerar como el primer conflicto bélico de la Guerra Fría. La victoria de las fuerzas anticomunistas del gobierno condujo a la entrada de Grecia en la OTAN y ayudó a definir el equilibrio estratégico en el mar Egeo y los Balcanes en la Europa de la posguerra. La guerra civil enfrentó a la población conservadora y las fuerzas armadas del gobierno monárquico, apoyadas por los Estados Unidos y el Reino Unido, contra los comunistas griegos y los miembros de la organización más grande de la resistencia antifascista que había combatido contra la ocupación de Grecia por parte del Eje: el ELAS Ejército Popular de Liberación Nacional), cuya dirección estaba controlada por el Partido Comunista Griego. Al terminar la ocupación de Grecia por las Potencias del Eje existía ya un clima de enfrentamiento y acusaciones mutuas de terrorismo por parte de ambos bandos llevadas a cabo durante la operación Marita. El KKE no quiso participar en las elecciones propuestas por los conservadores y patrocinadas por los británicos en septiembre de 1946 y se negó al desarme, lo cual condujo al estallido de un conflicto armado.

[2] El Plan Marshall —oficialmente llamado European Recovery Program (ERP)— fue una iniciativa de Estados Unidos para ayudar a Europa Occidental, en la que los estadounidenses dieron ayudas económicas por valor de unos 14 000 millones de dólares de la época​ para la reconstrucción de aquellos países de Europa devastados tras la Segunda Guerra Mundial. El plan estuvo en funcionamiento durante cuatro años desde 1948. Los objetivos de Estados Unidos eran reconstruir aquellas zonas destruidas por la guerra, eliminar barreras al comercio, modernizar la industria europea y hacer próspero de nuevo al continente; todos estos objetivos estaban destinados a evitar la propagación del comunismo, que tenía una gran y creciente influencia en la Europa de posguerra. El Plan Marshall requirió de una disminución de las barreras interestatales, una menor regulación de los negocios y alentó un aumento de la productividad, la afiliación sindical y nuevos modelos de negocio «modernos».​ Las ayudas del plan se dividieron entre los países receptores sobre una base más o menos per cápita. Se dieron cantidades mayores a las grandes potencias industriales, ya que la opinión dominante era que su reactivación sería esencial para la prosperidad general de Europa. Aquellas naciones aliadas recibieron algo más de ayuda per cápita que los antiguos miembros del Eje o que se habían mantenido neutrales. El mayor receptor de dinero del Plan Marshall fue el Reino Unido, que recibió el 26 % del total, seguido de Francia con el 18 % y la nueva Alemania Occidental con el 11 %. En total 18 países europeos se beneficiaron del plan. A pesar de que se le había prometido durante la guerra y se le ofreció, la Unión Soviética se negó a participar en el programa por temor a la pérdida de independencia económica; con su negativa también bloqueó la posible participación de países de Europa del Este, como Alemania Oriental o Polonia. Al plan pronto se le criticó la poca importancia dada a la recuperación de ciertos sectores estratégicos europeos para favorecer la entrada de empresas estadounidenses y el temor a que los países europeos se convirtieran en estados clientelares y dependientes de EE.UU. Los Estados Unidos desarrollaron programas similares en Asia, pero bajo otras denominaciones.

[3] Little Vittles es cómo se conoce a la operación que, durante el bloqueo en la II Guerra Mundial de Berlín Occidental, consistió en el lanzamiento desde aviones de caramelos y dulces para los niños.

[4] Colonel Gail Seymour “Hal” Halvorsen (born October 10, 1920) is a retired officer and command pilot in the United States Air Force. He is best known as the “Berlin Candy Bomber” or “Uncle Wiggly Wings” and gained fame for dropping candy to German children during the Berlin Airlift from 1948 to 1949.

[5] The Douglas C-54 Skymaster is a four-engined transport aircraft used by the United States Army Air Forces in World War II and the Korean War. Like the Douglas C-47 Skytrain derived from the DC-3, the C-54 Skymaster was derived from a civilian airliner, the Douglas DC-4. Besides transport of cargo, the C-54 also carried presidents, prime ministers, and military staff. Dozens of variants of the C-54 were employed in a wide variety of non-combat roles such as air-sea rescue, scientific and military research, and missile tracking and recovery. During the Berlin Airlift it hauled coal and food supplies to West Berlin. After the Korean War it continued to be used for military and civilian uses by more than 30 countries. It was one of the first aircraft to carry the President of the United States.

[6] Friedrich Wilhelm Reinhold Pieck (Guben, provincia de Brandeburgo, 3 de enero de 1876 – Berlín Este, 7 de septiembre de 1960) fue un destacado político comunista alemán. Fue el Presidente de la República Democrática Alemana (RDA) entre 1949 y 1960, así como primer líder del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) junto a Otto Grotewohl.

[7] Walter Ernst Paul Ulbricht (Leipzig, 30 de junio de 1893 – Groß Dölln, distrito de Nuevo Brandeburgo, 1 de agosto de 1973) fue un político alemán, destacado líder comunista durante la República de Weimar. En 1933 huyó del país tras la toma del poder por los nazis, refugiándose en la URSS junto a otros comunistas alemanes y pasando a trabajar para el aparato de la Internacional Comunista en Moscú. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial volvió a Alemania y empezó una importante actividad política en la Zona de ocupación soviética, lo que luego sería la República Democrática Alemana. Entre 1950 y 1971 llegó a ser el principal dirigente del Partido Socialista Unificado de Alemania (Sozialistische Einheitspartei Deutschlands, o SED). A partir de 1960 también se convirtió en el Jefe de Estado de la República Democrática Alemana (RDA) hasta su muerte en 1973. Durante su periodo de poder en la RDA enunció la conocida como Doctrina Ulbricht, por la cual establecía que las relaciones diplomáticas normales entre la Alemania Oriental y la Alemania Occidental solo se darían si ambos Estados reconocían la soberanía mutua.

[8] El llamado Plan Morgenthau, fue una de las propuestas para ocupar Alemania al ser derrotado este país en la Segunda Guerra Mundial. Consistió en una serie de severas medidas hacia la Alemania derrotada, desposeyéndola tras la guerra de todo su potencial industrial, cuyo objetivo era evitar que un estado alemán alcanzara suficiente poder militar para volver a atacar a alguno de sus vecinos. Este plan fue propuesto en 1944 por el entonces Secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Henry Morgenthau Jr. El Plan Morgenthau sería rechazado a favor de la llamada línea Oder-Neisse, que definió las actuales fronteras alemanas.

[9] La Doctrina Truman fue una medida creada por los Estados Unidos que pretendía dar apoyo a «pueblos libres que están resistiendo los intentos de subyugación por minorías armadas o por presiones exteriores», ya que estos regímenes representaban una amenaza al capitalismo de los Estados Unidos de América, siendo estas directrices de ferviente tendencia anticomunista dado el contexto en el que se hallaban, hasta el punto de un fanatismo persecutorio de cualquier movimiento en el marco de izquierda política. Se quiere luchar contra la propagación de la influencia soviética y, sobre todo, del comunismo en Europa Occidental. Su denominación se debe al presidente de los Estados Unidos de América Harry S. Truman, quien hizo la proclamación de esta doctrina en su comparecencia ante el Congreso de los Estados Unidos el 12 de marzo de 1947, estando por entonces en curso la crisis de la guerra civil griega (1946-1949). El discurso decía así: Creo que debemos ayudar a los pueblos a forjar su propio destino […]. Cada nación debe escoger entre dos modos de vida opuestos. […] Uno reposa sobre la voluntad de la mayoría y se caracteriza por sus instituciones libres, por un gobierno representativo, por elecciones libres, por la garantía del mantenimiento de las libertades individuales y por la ausencia de cualquier opresión política […]. El otro reposa sobre la voluntad de una minoría impuesta por la fuerza a la mayoría. Se apoya en el terror y en la opresión, tiene una prensa y una radio controladas, unas elecciones truncadas y la supresión de las libertades personales.

[10] Markos Vafhiadis, fue un político y militar griego. Miembro de las Juventudes Comunistas (1929), fue encarcelado, en numerosas ocasiones, durante la dictadura de Metaxas. En 1941 se evadió de la isla de Creta, se integró en la resistencia griega y contribuyó a la organización del ejército guerrillero de resistencia (ELLAS). Desde 1947 fue primer ministro del gobierno rebelde de Grecia libre (Gobierno Democrático Provisional), pero en 1949 perdió el apoyo soviético, y su partido le hizo abandonar sus actividades.

[11] La guerra civil rusa fue un conflicto armado múltiple que tuvo lugar entre 1917 y 1923 en el territorio del disuelto Imperio ruso, entre el nuevo gobierno bolchevique y su Ejército Rojo, en el poder desde la Revolución de Octubre de 1917, y del otro lado los militares del ex ejército zarista, agrupados en el denominado Movimiento Blanco, compuesto por conservadores y liberales, favorables a la monarquía y relacionados estrechamente a la Iglesia ortodoxa rusa, así como los socialistas democráticos: los socialistas revolucionarios y los mencheviques contrarios a la revolución bolchevique. Todos los bandos tuvieron aliados temporales, el Ejército Rojo a menudo con izquierdistas y grupos revolucionarios, y las fuerzas del Ejército Blanco con muchos ejércitos extranjeros (los Estados Unidos, Japón, Francia y el Imperio británico principalmente), apoyo denominado «Intervención Aliada en Rusia». Otros nacionalistas y grupos políticos regionales también participaron en la guerra, incluidos los nacionalistas ucranianos del Ejército Verde, los anarquistas ucranianos del Ejército Negro y las Guardias Negras, y señores de la guerra o «atamanes».

David Odalric de Caixal i Mata: Historiador Militar, experto en Geoestrategia Internacional y Terrorismo Yihadista. Director del Área de Seguridad y Defensa de INISEG (Instituto Internacional de Estudios en Seguridad Nacional). Director del Observatorio contra la Amenaza Terrorista y la Radicalización Yihadista (OCATRY). Asesor en Seguridad y Defensa en HERTA SECURITY. Director de OSI INTELLIGENCE (Occidental Studies Institute-USA) Membership research projects in support of Veterans of the Armed Forces of the United Kindom. Membership in support of the AUSA (Association of the United States Army) Miembro asesor de la Sección de Derecho Militar y Seguridad del ICAM (Ilustre Colegio de Abogados de Madrid). Membership in support of the Friends of the Israel Defense Forces.